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Los medios y los días

Festival de Eurovisión

21 may 2019 / 07:49 h - Actualizado: 20 may 2019 / 17:53 h.
  • Festival de Eurovisión

Lo que hemos perdido en música lo hemos ganado en diversión, color, movimiento, ruido, todo para los jóvenes del montón, eso sí. No es que la música del Festival de Eurovisión de mis tiempos fuera algo del otro mundo pero, mira, sí que marcaba momentos y aún los marca. Los intérpretes con una carrera ya sólida han sido sustituidos por muchachos, muchachas, gordas, flacas, gays, transexuales y toda esa variedad de personalidades, condiciones y trajes espaciales y supuestamente nuevos –algunos me recordaban a los modelitos de Nina Hagen- que nos ofrece el mercado occidental posmoderno.

A Israel llevamos toda la vida tratándola como europea, pobrecita, allí, tan triste y sola, entre esos moros malos que la quieren destruir. Si le pusimos una parcela tras la segunda guerra mundial y echamos a los que llevaban siglos allí qué trabajo cuesta meterla en el bote europeísta si ya está Australia. Solo falta USA pero para eso nos envió a Madonna, el siguiente paso es que entre de lleno, total, es el hijo hortera y rico de Inglaterra y la inspiración de casi todos los países que se presentan, empezando por los conversos comunistas. Rechace imitaciones, vamos al original.

De aquello de 1968, de antes y después, que rezaba: “Canción número Tal. Título: La, la, la. Autores: Manuel de la Calva y Ramón Arcusa. Dirige la orquesta: Rafael Ibarbia. Interpreta: Massiel”, hemos pasado a este karaoke curioso que se basa en lo que nos llama la atención desde que estamos en la cuna: mucho colorido, mucho humo, mucho movimiento, luces por todas partes, sonidos y fuegos digitales, es decir, lo que ya hizo Valerio Lazarov en TVE –que casi nos deja ciegos- pero en posmoderno, con la tecnología que avanza no ya una barbaridad sino una bestialidad.

A España le han hecho una injusticia evidente porque Miki cantaba una canción con marcha y letra de protesta y concienciación para una juventud manipulada que se quiere poco a sí misma porque la obligan a vivir en un mundo de pega que no esperaba. Y sin embargo quedó de los últimos. Una putada. El Miki de mis tiempos tenía un nombre más moderno porque era más anglófilo: Micky, apodado el hombre de goma por las contorsiones que hacía cantando rock and roll con su grupo Los Tonys. Mi Micky fue a Eurovisión en 1977 cantando Enséñame a cantar y no quedó mal del todo, noveno de 18 participantes. Su autor fue un músico maravilloso: Fernando Arbex, fundador y batería de Los Brincos, fundador de un grupo muy distinto a Los Brincos, más selecto, como fue Barrabás. Arbex llevó a Micky a lo más alto cuando ya el cantante se separó de Los Tonys.

Eran otros tiempos, mi corazón me dice que escriba que eran mejores pero no le hago caso, son cosas de la edad. Eran distintos y, si me apuran, peores que los actuales, más ordenados pero menos reales. La realidad es esa coctelera de gente y luces que vimos el otro día en Eurovisión aunque me joda el espectáculo porque yo, por encima de todo, amo a la música y no al dinero pero esto es una sociedad hortera que da culto al dinero, como casi siempre pero con más colorines.


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