jueves, 22 noviembre 2018
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Generar un espacio de convivencia

28 ago 2018 / 22:00 h - Actualizado: 28 ago 2018 / 22:00 h.

Trabajar de manera conjunta es un reto, lo estamos experimentando en el día a día; pero, sin lugar a ninguna duda, se hace necesario tener esta obligación si verdaderamente queremos que, el mundo, nuestro mundo, mi mundo pueda ser un espacio de convivencia.

Por esta razón el primer punto del plan de trabajo conjunto, mencionado en mi anterior artículo, tiene que ser generar un espacio de convivencia. Es el primer objetivo operativo de la mesa de trabajo.

La convivencia es esencial porque esto posibilitará un marco de confianza que hará posible que las personas puedan estar seguras en sus países de origen.

La convivencia ayudará a tomar conciencia sobre lo que la doctrina social nos planteó hace 50 años: «Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas tensiones políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías. Por último, se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los espíritus», 4 CONSTITUCIÓN PASTORAL Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual.

Convivir significa interactuar, lo cual nos lleva a la necesidad de planificar acciones y espacios que de manera efectiva fomenten la convivencia.

Fomentar la convivencia implica que los recursos y riquezas existentes puedan ser utilizadas de manera positiva, y en beneficio de las personas que forman parte del país en donde estas están. Teniendo esto claro, se debe de generar una interacción económica que posibilite a las personas obtener los recursos necesarios para desarrollar una vida digna. Aquí, las empresas, son un eje esencial y su objetivo debería ser, ante todo, posibilitar una estructura económica que tenga como marco la riqueza social.

Para que lo anterior sea posible es preceptivo que los gobiernos de estos países basen su acción de gobierno en principios democráticos. Es imposible que se puedan constituir relaciones económicas justas y éticas si no existe democracia. Por esta razón, desde Europa y desde los países democráticos, hay que establecer un mecanismo de cooperación internacional que ayude a instaurar un marco político solvente desde el ámbito democrático. Los partidos políticos, en estos países, son esenciales y necesarios; pero, ante todo, deben de basar sus principios ideológicos en el trabajo por dignificar la gestión y, por ende, la vida de las personas. Desde esta perspectiva nuestro gobierno y gobiernos de países democráticos deben de entrelazar una relación, exigiendo un programa de acción política, que desarrolle los valores irrenunciables de una democracia.

Las inversiones económicas, aquellas que parten de la iniciativa privada o las que puedan ser sujeto de ayudas oficiales por parte de organismos internacionales u organismos públicos, deberían hacerse cuando hubiera realmente una voluntad de cumplir con lo anteriormente señalado. Esto no debe de negar la ayuda humanitaria precisa y necesaria para la población que vive situaciones extremas; pero el objetivo de una cooperación internacional basada en un trabajo conjunto debe de ser fomentar la convivencia, alejada ésta del clientelismo político y económico.

Apostando por la convivencia, que debe de ser tratada en profundidad en la mesa de trabajo, lograríamos superar lo que nos señala la Gaudium et Spes en su número 8: «Nacen también grandes discrepancias raciales y sociales de todo género. Discrepancias entre los países ricos, los menos ricos y los pobres. Discrepancias, por último, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiración de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansión de la propia ideología o los egoísmos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales. Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y víctima».

El Bien Común nos sitúa con nitidez ante un espejo, y mirándonos en el mismo, cabe hacernos una pregunta ¿queremos de verdad, pero de verdad, cambiar el mundo para que sea más justo y equilibrado? En la mesa de trabajo conjunta, empresarios, líderes políticos y representantes del tercer sector se debería comenzar a trabajar intentando responder a esta pregunta. De la respuesta que se de consensuadamente, la sociedad podrá percatarse si existe voluntad de trabajar conjuntamente y de comenzar a invertir la terrible situación de los movimientos migratorios. No huyamos de dar una respuesta, porque huir significa no querer abordar el fondo de la cuestión. Los ciudadanos no queremos que los políticos pierdan el tiempo en decirnos slogans publicitarios, queremos ver cómo trabajan conjuntamente, escuchándose y buscando soluciones conjuntas porque las personas precisamos de ellas para no generarnos falsas expectativas y, menos, los que de manera trágica tienen que dejar su tierra.

La próxima semana reflexionaré sobre el segundo objetivo operativo de la mesa de trabajo, siempre teniendo como marco la Gaudium et Spes.


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