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Hackeando el patriarcado a golpe de click

10 nov 2018 / 09:29 h - Actualizado: 11 nov 2018 / 11:07 h.
  • Hackeando el patriarcado a golpe de click

Sólo hay que darse una vuelta por Instragram para darnos cuenta de que el reinado en el mundo influencer lleva nombre de mujer. El movimiento feminista, no es ajeno a este especial interés que despiertan las redes sociales y el entorno web y de forma inteligente y escurridiza se ha adentrado en este espacio, con el que están creando conciencia de género y despertando un activismo algo adormecido. Lo llaman ciberfeminismo o la era de las comunidades en red.

El término ciberfeminismo se empieza a utilizar ya en los años 90 para hablar del trabajo de las feministas interesadas en explotar internet y el ciberespacio para divulgar su mensaje a un grupo lo más heterogéneo posible. No es casual, que las mujeres ya en comunidades primitivas tuvieran asignado el papel de las relaciones interpersonales y los aspectos necesarios para la subsistencia del grupo. Vamos que mediar, y establecer vínculos sociales ya nos viene en el ADN y fue en su momento la llave a la supervivencia y la capacidad de resolver conflictos entre los miembros de la tribu. Muchos estudios demuestran que la identidad femenina, ha girado tradicionalmente en torno a la interconexión y las relaciones humanas. Conscientes de estas habilidades desarrolladas durante años, el movimiento feminista se ha sumado a la ola de la hiperconectividad para crear comunidades virtuales, en las que las mujeres podamos compartir algo más que consejos sobre maquillaje o tendencias de moda. Pero hackear los códigos propios del patriarcado y utilizar la informática, creada por y al servicio del hombre, no esta siendo tarea fácil. Usar el ciberespacio para crear un hermanamiento, luchar y trabajar por unas causas comunes sin contacto físico entre las participantes y desmontar toda una estructura que nutre y retroalimentar al capitalismo, no deja de ser un reto para el movimiento feminista. Pudiera parecer sólo analizando el éxito de estas comunidades, que el patriarcado nos ha dejado espacio para expresarnos y que participemos del espacio web en el mismo plano que los hombres, pero nada más lejos de la realidad. El mundo tecnológico no está libre de desigualdades de género, teniendo en cuenta que internet es un lugar donde el poder y el control son objetos de disputa.

Esta ola ciberfeminista, surge en cierto modo, como respuesta a un modelo en el que las mujeres queremos participar pero con nuestros propios códigos binarios, la combinación de ceros y unos nos parece aburridísima. Convertirnos de nuevo en objeto de consumo o permitir que nuestras luchas sirvan para alimentar el discurso androcentrista, es más de lo que queremos soportar. Señores, no nos inventamos nada. Y aquí vienen los datos aplastantes. A pesar de que las mujeres somos mayoría como influencers, en redes profesionales como linkedin, ellos nos ganan por goleada. Los perfiles que más pesan suelen ser hombres jóvenes, con estudios superiores, CV traducidos al menos en dos idiomas y de profesiones liberales. Esta comunidad profesional en sí, se configura con un patrón bastante masculinizado y esto cierra la puerta a muchas mujeres que entienden la búsqueda activa de empleo de una forma menos hermética.

En el Mobile World Congress, que se celebra todos los años en Barcelona y reúne a lo mas granado del sector para hacer negocio de lo digital en nuestro país, menos del 10% de las conferencias están lideradas por mujeres. Supongo que el resto estarían en en los stands del evento, luciendo blanqueamiento dental.

Y ya para qué hablar de esta manía persecutoria que tiene el mercado de hacerse con las influencers de moda para vendernos productos banales, que alimentan un neo-modelo de mujer liberal e independiente que se gasta las perras, producto de su trabajo precario, en productos que de nuevo la encierran en la espiral del consumo salvaje.

Y entre idas y venidas, están ellas, mujeres irreverentes, valientes, incendiarias, luchadoras, soñadoras, diversas... pero sobre todo políticamente incorrectas que ha dicho BASTA y han creado sus propias comunidades y espacios. Lugares virtuales donde despotricar a gusto, formarse alejadas de los patrones educacionales tradicionales y sobre todo, hablar de feminismo y sentirse mujer desde la amplitud de este concepto tan vilipendiado. Unas desarrollan su actividad desde su perfil individualizado, otras directamente han creado comunidades de mujeres donde participar desde el plano de la sororidad y la diversidad. Nosotras ya somos conscientes hace años que somos plurales y cíclicas y por qué no usar el ciberespacio para dar forma a esto. Y así es como nace por ejemplo Feminarian, Yeswetech, Pikara_magazine, o Extraordinaria. Comunidades virtuales de mujeres que triunfan en instragram y a las que acecha el patriarcado, con el objetivo de controlar cualquier conato de revolución ¿Es necesario recordar que la huelga feminista del pasado 8 de marzo se orquestó a raíz de un grupo en Telegram y posteriormente organizado a través de redes sociales?

Perfiles individuales como los de: La vecina Rubia, Flavita Banana o Nuria Gago, son algunas de las mujeres que se han sumado a la reivindicación a través de redes sociales de modelos de mujer alternativos. Apostar por la igualdad de género y ademas, la diversidad familiar, el cambio climático o estilos de vida saludables, son ya una opción a los patrones de consumo tradicional. Y a todo esto, sumarle la aportación que hacen decenas de mujeres con blogs, webs, videojuegos no sexualizados como “Never alone”, software libres con perspectiva de género, memes, GIFS, cuentas en youtube... y un sinfín de opciones que ponen de manifiesto nuestra resistencia a un entorno digital masculinizado, al que seguimos tomando el pulso para hacerlo todo lo nuestro que podamos. Todos estos logros, incluidos los movimientos del 8M y el #metoo, están sirviendo sobre todo, para recordarnos a nosotras misma que pese a la reacción patriarcal, el ciberespacio también nos pertenece.

@Pepavioleta


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