miércoles, 12 diciembre 2018
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Hasta el gorro de estos señoritos

06 dic 2018 / 08:00 h - Actualizado: 06 dic 2018 / 10:47 h.

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Me hice de izquierdas por mi crianza, porque veía trabajar como mulos a mi madre y a mi abuelo y eran pobres de solemnidad. Mi padre murió de leucemia con 33 años y tuvieron que poner un pañuelo en su casita del Camino de la Mata, de cuerpo presente, para que mi madre lo pudiera enterrar con caja y no en tierra. Era jornalero y a mi madre no le quedó paga de viudedad, así que se imaginarán lo que tuvo que trabajar para criar a tres niños, el mayor con 4 años. Eso sí, cuando empezó a gobernar el Partido Socialista un abogado laboralista de izquierdas, José Julio Moreno, le arregló los papeles y se murió hace dos años cobrando 50 euros al mes por ser viuda de mi padre. No odiaba a los responsables de esta canallada –creo que no he odiado jamás a nadie–, pero tampoco los admiraba. Me metí en partidos de izquierdas, como el PTA (Partido de los Trabajadores de Andalucía), para cambiar la penosa realidad y presumía de ser comunista sin saber muy bien qué era el comunismo. Algunos de los que me hablaban de esta ideología se montaron luego en el carro del PSOE, a los que entonces llamaban señoritos de derechas, y hasta fascistas, para colocarse en las instituciones públicas y solucionar sus vidas. Aquella izquierda dejó de gustarme, aunque siempre la he votado por una cuestión de principios, hasta estas elecciones que no voté a nadie porque no me dio la gana, así de claro. No podía dar mi confianza ni mi apoyo –votar es eso, al fin y al cabo– a una coalición que lo ha venido haciendo todo mal, primero formando parte del Gobierno andaluz con el partido de la corrupción, el enchufismo y la traición a la clase obrera, y luego uniéndose a Podemos, que ahora anda calentando a los ciudadanos para que se echen a la calle a luchar contra el fascismo y el resultado en las urnas. ¡Podemos, manda narices! Ya no me engañan más estos señoritos, como Garzón, al que me da pena ver siempre detrás de un tipo como Pablo Iglesias, un novillero que se ha comprado el cortijo antes de ser torero y que ha engañado a todos. Pero novillero sin arte. Mucho tiene que cambiar la izquierda para que vuelva a confiar en ella. Mientras tanto, solo quiero buenos gestores, políticos honrados y gente con vergüenza.


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