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José Manuel Ramírez al cuadrado

la tribuna

09 sep 2018 / 19:10 h - Actualizado: 09 sep 2018 / 18:13 h.

Desde el 7 de septiembre está abierta al público, en la Sala Anticuarium del Exmo. Ayuntamiento de Sevilla, la exposición de fotografías de José Manuel Ramírez Mercaderes, y a partir del 20 de este mismo mes, una selección de otra de las series de su ya extensa y variopinta obra titulada Jondo Samurai y que tendrá lugar en la sede cultural, social y archivística de la Cámara de Comercio de nuestra localidad, sita en la plaza de la Contratación.

José Manuel Ramírez, antropólogo de formación, ha trabajado como fotógrafo casi 30 años viajando alrededor del mundo y recorriendo con sus cámaras paisajes naturales y urbanos, y captando con ellas a personalidades relevantes de todos los ámbitos: desde los políticos, económicos, intelectuales..., hasta las personas anónimas que por alguna razón despertaron su interés, captándolas casi siempre en primer plano e individualizándolas, y a partir de las cuales ha ido formando las series.

Estados Unidos, Alemania, Portugal, India, Tailandia, China y, desde hace siete años, residente en Japón donde se ha instalado y desde donde ahora regresa a su patria chica para que los aficionados a este arte compartan con él estas experiencias visuales y existenciales.

Antes de entrar en la materia de lo que va a encontrarse cualquiera que las visite, convendría hablar algo de este fotógrafo sevillano muy conocido en bastantes de las instituciones públicas con las que ha tenido la oportunidad de trabajar, pero cuya trayectoria tal vez no haya sido lo suficiente (re)conocida, muchas veces porque ha ejercido de free lance, o bien trabajando en el exterior para ONG. como Greenpeace, la Cruz Roja Internacional o Unicef, además de colaborar con agencias fotográficas tales como Staff, Efe y Europa Press, llegando a ser corresponsal y director en China de la oficina de IPA Press (desde 2007 a 2010).

De esas experiencias y viajes, ha dejado muestras en publicaciones, cartelelismo, revistas y periódicos como El País y en exposiciones como las que hizo en China en 2012 (China cara a cara) donde una vez más su predilección por los retratos y la antropología se daban la mano.

Las fotos que expone ahora en Anticuarium fueron realizadas entre 2011 y 2012, con los placeros que subsistían y aún subsisten en el que fuera Mercado de la Encarnación y de ahí su ubicación, exactamente debajo de sus puestos de pesacadería, charcutería, recova, barmans, camareras, el presidente de la asociación de comerciantes, las joyeras, fruteros, limpiadoras, vendedores de encurtidos, clientes y demás personajes habituales en ese mundo que se va perdiendo ante el avance de las grandes superficies o las delicatesen de los mercados gourmets.

Para captar la personalidad de cada uno de los 64 protagonistas, la dignidad con la que se muestran delante de su objetivo, él mantuvo muchas conversaciones con todos ellos, de manera que no se note la pose sino que lo que prevalezca sea la naturalidad. Para algunos realizó varias tomas y seleccionó la que consideraba que mejor expresa lo que él o ella representa, ya que nunca los capta con ningún tipo de símbolos parlantes, salvo delantales o cualquier detalle mínimo que nos dé unas simples pautas de su oficio. Personajes que capta de frente a a tres cuartos de perfil, a tres cuartos de altura desde la cabeza al torso, siempre en blanco y negro más los matices de los grises, donde la luz forma los contornos, contrastes y proporciona volumen. Para algunos, sólo hizo una sola toma definitiva. Fotos digitales que después somete a procesos que pertenecen a su secreto profesional.

En cuanto a la muestra Jondo Samurai, es un proyecto que puede catalogarse de foto-ensayo, consistente y como muy bien puede deducirse de ese otro arte paralelo a la escena, la plástica, la danza y los rituales con los que se identifican una comunidad no necesariamente local como lo pone de manifiesto todos estos bailaores japoneses, bien en tablaos españoles o bien japoneses, al ser Japón la segunda potencia después de nuestro país en el desarrollo y difusión de estos bailes ancestrales.

Parte de esta exposición –la parte española– y que se llamó Jondo, pudo verse en 2017 gracias a la colaboración del Instituto Cervantes de Tokio en la Embajada de España de allí, donde el autor ha impartido cursos de fotografía, y la que ahora nos trae, añade la parte de los japoneses aquí, gracias a la Embajada de Japón. ¿Un exotismo?, ¿una necesidad de expresión?, ¿por qué esa atracción por lo flamenco, lo jondo, lo español por unas personas y una cultura tan aparentemente alejados de la nuestra? Esto es algo que deberá responder todo aquél –o aquella– que la visite. ~


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