sábado, 15 junio 2019
16:57
, última actualización

Jules Spinatsch en el Centro de la Fotografía de Ginebra

10 dic 2018 / 10:16 h - Actualizado: 10 dic 2018 / 10:39 h.
  • Jules Spinatsch en el Centro de la Fotografía de Ginebra
  • Jules Spinatsch en el Centro de la Fotografía de Ginebra
  • Jules Spinatsch en el Centro de la Fotografía de Ginebra

Desde el 11 de diciembre de 2018 en que tendrá lugar “el vernissage” y hasta el 2 de febrero de 2019, podrá visitarse en el Centre de la Photographie de Ginebra, la que puede considerarse una retrospectiva de JULES SPINATSCH (Davos, 1964), quien `puede ser considerado como uno de los mejores fotógrafos internacionales actuales. En cualquier caso, lo que ha venido siendo gran parte de su obra -ahora reunida y clasificada en secciones por el también fotógrafo, divulgador de la fotografía, historiador de ella y director del C.P.G.- JOERG BADER.

La exposición lleva por título “Semiautomatic Photographie (2003-2020), lo que da pie a pensar que las series de una u otra forma van a continuar. Pero si se me permitiera por parte del autor o del comisario, le llamaría “Memorial de la Ausencia” porque esa es la sensación que (me) transmiten sus instantáneas aunque capten a espectadores en un estadio de fútbol, en un palacio de ópera, en el interior de una multinacional. En definitiva, lo que puede representar un sinónimo de la soledad placentera y elegida o condicionada en medio de las muchedumbres.

La instantánea -que literalmente significaría el encuentro de un instante en un sitio cualquiera- tiene en sus imágenes todo lo contrario porque son espacios determinados y porque detrás de cada una existe una voluntad discursiva, de continuidad seriada, de registro de la fugacidad a través de las tomas que necesita de un mismo lugar, de las formas o detalles de las mismas, de los ángulos, las luces y las sombras que le interesa destacar o matizar. En definitiva y aunque no lo parezcan, hay mucho de estudio del momento, del ángulo, de la profundidad.

En paralelo a la ausencia, estaría la soledad, esa que escoge para los paisajes naturales, los efectos ambientales, la materia orgánica que desarrolla su proceso ante su cámara y ahora ante nosotros, bien por Catálogo editado o digital, bien porque tengamos la suerte de verlas in situ.

Ausencia y soledad que son también sinónimos de silencio y de vacío a pesar como dije antes de la gente: una multitud que jamás mira a la cámara o personas individualizadas en cualquier contexto, sea este laboral o de recreo. Ellos: ausencia, soledad, silencio y vacío, se aprecian en exteriores de edificios, en las fachadas donde se reflejan o transparentan -mejor que otro aspecto de carácter objetual- estados de ánimo y situaciones, algo que ha tenido que ver con el ser humano que vive o vivió o trabajó allí, y que sin embargo permanecen como un negativo de la vida misma o como si esta se hubiese congelado. Una arquitectura que a la vez le permite profundizar en otro de los aspectos que más le atraen: las serificaciones, geometrizaciones, la repetición de iguales o parecidos elementos formales, las pequeñas variaciones del contexto y del formato, la atmósfera que los conforma y continúa.

Lo mismo ocurre cuando se decide a fotografiar los espacios públicos frecuentados por personas anónimas, que aunque conocidas parecen -o aparecen- incomunicadas, introspectivas, absortas en sus pensamientos y acciones. Es aquí donde predomina la envolvente, lo contrario de esa atmósfera expansiva que usa para sus exteriores y donde se encuentra otra de las grandes líneas que definen su producción: la utilización de criterios contrarios según sean los escenarios, las formas, las líneas, los volúmenes y las figuras que capta y para la que se servirá también de ángulos, perspectivas, encuadres diferentes.

Realizadas en diferentes ciudades como Davos, Berna, Toulouse, Viena, Frankfurt, Zurich, Lucerna, Ginebra, Heildelberg y otras, en ellas nos descubre calles, parques, pistas de esquí, fábricas, oficinas, centros comerciales, sedes centrales de empresas o de compañías, complejos habitacionales, gimnasios, palacios de ópera, ... al tiempo que imágenes del Centro de Congresos, del Parlamento, del Foro Económico, de la Bolsa, de los servicios secretos, del estadio del mundial de fútbol de 2006, del Centro de Control de Tráfico, del estudio de un artista, del Planetario, de un music hall o una fiesta en un teatro, et. , etc. ubicados en ellas.

Fotos que pueden representar secuencias de “redesarrollo urbano” (siguiendo una de sus series/secciones), escenografías, accidentes de tráfico o saltos en la nieve, en lo que supone un ejercicio de amor y libertad por el aire libre, o por el contrario la representación claustrofóbica de lugares cerrados, aquellos en donde se llevan a cabo actos íntimos, laborales o sociales. Estas también sinónimos de la ausencia, aunque paradójicamente se sirva de presencias que asemejan seres espectrales.

Naturaleza y ciudad -con y sin recuerdo humano- o lo que es lo mismo: la inmensidad de los horizontes que se expanden al infinito y lo que se reduce en habitáculos, en convenciones culturales, en templos del poder.

Ausencia y presencia que son muchas cosas en JULES SPINATSCH, pero sobre todo huellas, fisicalidad de la materia inerte o por el contrario luminosa y viva. La belleza de lo que se ve a plena luz y en los nocturnos, en las abstracciones de colores y matices, en los puntos de vista que escoge y puede también, en lo que insinúa. Belleza meditativa que pertenece a su memoria y a la nuestra, a nuestra imaginación y a la suya. Este es uno de los mejores efectos de su fotografía: el de narrar sin palabras lo que hubo, una lucha particular y ahora pública contra el olvido. Por eso las lejanías, las sensaciones, las emociones, lo intangible, la fugacidad que nos transmiten, en fín: ¡tántas lecturas! Porque también hay homenajes a otras artes y a la propia historia de la fotografía, a personas anónimas que componen sus retratos o todas las que al unirlos conforman algo así como la gran panoplia pixelada de lo que somos.


  • 1