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La calle es de todos

La menor afluencia de público ha traído más tranquilidad y menos tensión a las calles del centro durante esta Semana Santa

27 mar 2018 / 12:52 h - Actualizado: 27 mar 2018 / 13:11 h.
  • La calle es de todos

Quien hubiera pensado que cuatro días pasan tan rápido. Tan solo es Martes Santo y ya hemos disfrutado de un total de 23 cofradías en la calle y de una agrupación parroquial. Tristemente, comenzamos las vísperas bajo una lluvia que en su débil versión de sirimiri impidió realizar sus salidas procesionales a todas las hermandades del Viernes de Dolores, a excepción del Dulce Nombre de Bellavista, barrio al que se acercaron multitud de sevillanos ansiosos de pasos y olor a incienso.

Nos estamos enfrentando a una Semana Santa muy diferente en lo que a la seguridad respecta, dada la presencia de multitud de efectivos de Policía Local y Nacional que patrullan por doquier para detectar incidentes. Además, también estamos comprobando la efectividad del sistema de iluminación promovido por el Cecop así como la utilidad del sistema de geolocalización para el discurrir de las hermandades. Pero lo cierto es que la afluencia de público es bastante menor que, por ejemplo, la del año pasado debido principalmente a las inclemencias meteorológicas de los primeros días y quizás, por qué no, al temor que provocaran los terribles incidentes acaecidos durante la pasada madrugada. Lo cual da que pensar.

No obstante, no existe la palpitante tensión que en ocasiones recorre las calles incluso durante estos primeros días. Por no hablar de las famosas sillitas ocupando metros y metros de vía pública y de los personajes repeinados que se irritan por el mero hecho de que la gente normal discurra libremente para ver un paso de cerca. Después de algunos años comprobando la tediosa impaciencia e imprudencia de muchos sevillanos y turistas, durante esta Semana Santa, parece que se vuelve a notar el respeto cuando salen unos ciriales, y la calma que debe imperar al paso de una cofradía. Ojalá se mantenga hasta el Domingo de Resurrección la compostura de una ciudad que muchas veces se olvida de sí misma hasta en la limpieza. Aterra el aspecto que presenta cualquier plaza sevillana tras la salida de cualquier cofradía debido al atrevido arrojo indiscriminado de todo tipo de residuos. Y la Campana y demás palcos tampoco se escapan de cometer semejantes guarradas.

En definitiva, ojalá este sea el año en el que cambian radicalmente dos aspectos. En primer lugar la limpieza, y en segundo las tantísimas medidas de seguridad que hay que tomar porque nosotros mismos nos cargamos una de las cosas más preciadas que tenemos. Aún nos quedan siete jornadas completas para seguir oliendo el azahar y disfrutar de nuestra Semana Santa, pero lo ideal sería que no nos tuvieran que poner tantas normas y alguna vez en la vida seamos lo que verdaderamente nos merecemos. Civismo y saber estar en todos los sentidos.


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