domingo, 18 noviembre 2018
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La envidia

04 jul 2018 / 22:15 h - Actualizado: 04 jul 2018 / 23:45 h.

Todos hemos sufrido alguna vez la sensación de sentirnos envidiados, incluso algunos la de sentir envidia ajena. La envidia se define como la tristeza por el bien del otro, con deseo de odiarlo y destruirlo. Más que un sentimiento moral es un resentimiento que surge en aquellos que son incapaces de superar su propia mediocridad y, por supuesto, la de los demás. Muchos toman la envidia como medida de la justicia en sí misma. Es algo muy común en política, no se trata de que todos seamos igual de fuertes o poderosos, sino de que nadie tenga nada que no podamos tener todos. El envidioso cree que debería existir una justicia natural universal y una sociedad mejor y bien ordenada para evitar la injusticia. Para algunos autores el igualitarismo político hunde sus raíces en la envidia. Desde la psicología, la envidia se debe a la falta de confianza y de seguridad en uno mismo, a un sentimiento de impotencia y a la desigualdad social. Los envidiosos no ven alternativas de cambio que satisfagan o solucionen su situación y sus deseos. La envidia como sentimiento y pasión es detestable porque lleva al odio y a la destrucción. Algunos entienden que cuando la envidia surge de motivos racionales y justos entonces es sana, cuando no te hunde. Desde la filosofía antigua, los estoicos aconsejaban aceptar la realidad tal como es; desde nuestra cultura cristiana se trata de aceptar la realidad y reprimir la pasión, sin desear ni los bienes ni el mal ajenos. La envidia se da más entre semejantes que entre desiguales; está concebida como un pecado capital. Pero a la envidia no se llega, se parte de ella, porque es algo que existe al igual que existe el odio, el resentimiento o los celos. El problema añadido es que la envidia también destruye al que la sufre.


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