miércoles, 22 noviembre 2017
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La Azotea

La feria del negro sobre blanco

19 may 2017 / 23:15 h - Actualizado: 19 may 2017 / 23:15 h.

Cervantes, desde la solemnidad pétrea de su atalaya en el eje de Sierpes y Entrecárceles, fue testigo del desfilar de las diversas plumas que para debatir sobre Literatura y Guerra Civil española se citaron en una contienda de tinta y papel. Jesús Vigorra, un perfecto maestro de ceremonias y de la palabra, presentaba a los ponentes mientras reconocía, mirando al público que abarrotaba la sala Cajasol, que en esta ciudad la cultura tenía mucho que decir todavía. Una ciudad que cambia los farolillos de colores por las letras y donde el disfrute de las casetas, lejos de las sevillanas, se concentra entre las páginas de un libro y el placer de hojearlos y ojearlos. Pasear por la Feria del Libro es una gratificante invitación al deleite que las pequeñas cosas producen. El rey San Fernando hará la vista gorda durante once días para dejarnos sentir los libros, evocando la misma sensación que produce el tocar las telas expuestas en las viejas tiendas de tejidos del centro, de dependiente con metro de madera. Departir con los autores, llevarte como recuerdo su firma, su dedicatoria y una parte de él, dándole la razón a Aristóteles en su teoría de la catarsis; la conexión entre lector y autor como un vínculo mágico, que nos hace vernos en los personajes, involucrándonos en la trama, experimentando lo mismo que ellos sin miedo a sufrir ni su nudo ni su desenlace, conociendo palabras nuevas o países desconocidos. Ya lo dijo Emily Dickinson, que para viajar lejos no había mejor nave que un libro. Viajemos lejos en la nave del negro sobre blanco, seamos libres. Seamos felices leyendo.


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