viernes, 26 mayo 2017
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La fiesta es cultura

La fiesta es una representación misma de la vida en la que se lucha y se muere de verdad, sin maquillaje. Por eso no cabe en un mundo tan virtual, tan falso, tan frío

14 may 2017 / 00:54 h - Actualizado: 13 may 2017 / 23:23 h.
  • La fiesta es cultura
    Un subalterno aguarda en el callejón de la plaza de la Maestranza. / Rafael Avilés

Se llama vandalismo, golfería, atentado al mobiliario urbano y contra el arte. Se llama gamberrismo, acto incívico, canallada. Pintar los monumentos taurinos aledaños a la plaza de Las Ventas es acto de sinvergüenzas, de niñatos, de gentuza. Y ahora lo llama usted protesta, defensa de los animales o que beban los peces en el río. Pero las cosas, por su nombre. que le echen lo que hay que echarle a la vida y protesten pintando el salón de sus casas, a ver si hay moral para echarle casta. Por favor. ¿Un modo de repulsa es atentar contra el arte, la memoria de los toreros y de los toros –algo que no van a entender jamás, que defendemos la memoria de los toros como animales– destrozando esculturas, o pintándolas, o incluso rompiéndolas parcialmente? ¿De verdad es eso una manera de protestar normal y seria? No sé cuántas veces exactamente han atacado, por ejemplo, el monumento al Faraón junto a la Real Maestranza de Sevilla. No quiero pensarlo ni buscar el dato. Pero viendo las imágenes que llegan desde Madrid me pongo en la piel de los aficionados, de los amantes del arte y la cultura, de los ciudadanos de la capital educados, normales en la convivencia. y sé lo que ahora sienten. Y no hay derecho. Hace pocas horas en Sevilla un director de cine norteamericano, aún joven, muy formado, universitario y viajado, me contaba que la tauromaquia no necesita defensa, que no entiende ese empeño de los taurinos por proyectar medidas que anulen las acciones de los antitaurinos. Dice simplemente que si el cine o el teatro o la música no necesitan defensa, la tauromaquia tampoco. Que es una cuestión cultural que se explica por sí misma y que estamos ante una cuestión de libertad. Si no te gusta, no vayas. Si te gusta, acude. Y no hay más. Que descansa en pilares muy fuertes y que estamos ante algo arraigado en el pueblo, por lo que será el pueblo el que decida, yendo o dejando de ir, cómo tiene que ubicarse el espectáculo taurino en nuestras vidas y que no podemos estar todo el día preocupados por las personas que no entienden algo tan básico. Y es que, desde el momento en el que llaman a los amantes de la fiesta torturadores, es que no se han enterado absolutamente de nada.

La fiesta es una representación misma de la vida en la que se lucha y se muere de verdad, con sangre y dolor, sin maquillaje. Y, claro está, en un mundo tan virtual, falso y frío como este cada vez encuentra menos espacio. Si los que atentan contra los monumentos taurinos arrojando pinturas se salen con la suya, habrá perdido la libertad. La de los hombres, y la de los toros, que acabarán postrados en pequeños corrales de los zoológicos. Eso sí, con niños tirándoles chucherías.


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