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La geoeconomía ante el dilema los recursos naturales. ¿Es bueno o malo tenerlos?

A escala planetaria, los países ricos en recursos naturales tienen tasas de desarrollo muy bajas porque otras potencias se los pretenden arrebatar. ¿Pasa lo mismo en Andalucía?

16 sep 2017 / 21:51 h - Actualizado: 16 sep 2017 / 22:44 h.
  •  La geoeconomía ante el dilema los recursos naturales. ¿Es bueno o malo tenerlos?

En la excelente colección Los retos de la economía (RBA Editores) ha aparecido recientemente un título del que merece la pena hacer algún comentario por la importancia que tiene en el contexto del mundo de hoy. Recomendamos su lectura. El libro se titula Los recursos naturales, ¿bendición o maldición?, y su autor es Miguel Ángel Pérez Martín.

En la introducción del libro se hace una reflexión sobre las amenazas e incertidumbres que se ciernen sobre el futuro del planeta y el mundo, es decir, las diferentes sociedades que lo habitan. Los problemas no solo parten de la progresiva degradación del medioambiente, manifiesta el autor, sino también tienen que ver con dos cuestiones de difícil solución: el aumento de la demanda de recursos naturales, especialmente por las sociedades más consumistas, consecuencia del crecimiento demográfico y de una voracidad de consumo inducido por puro interés económico que crean necesidades que ignoramos tenemos; y el incremento de la desigualdad social, como consecuencia de unas leyes de mercado que merman las posibilidades de acceso de gran parte de la población mundial a la energía, el agua, los alimentos, y bienes y servicios básicos, como sanidad y educación.

De acuerdo con el autor del libro, el pensamiento geoeconómico no es nuevo, de hecho surgió como parte de la geopolítica a mediados del siglo XIX, que pretendía dar respuesta a un nuevo entorno económico originado por episodios históricos importantes, como la rivalidad de las potencias coloniales europeas compitiendo por nuevos mercados emergentes de África y Asia, el crecimiento demográfico en Europa y Estados Unidos, la crisis económica de 1873 y el estallido de la Segunda Revolución Industrial. El mundo cambió, y se encaminó hacia el escenario que tenemos hoy, con sus crecientes incertidumbres y nuevas amenazas. En el siglo XX, la geoeconomía se consolida como una ciencia interdisciplinaria de gran valor, de acuerdo con el libro que citamos, y sus fundamentos y métodos permiten el intento de ahondar en la compleja realidad que se fragua en el mundo por la lucha multipolar, por la posesión de recursos naturales y las nuevas tecnologías y necesidades para conseguir la hegemonía económica en el planeta. Por ello, la geoeconomía se asocia a dos factores: la geopolítica y la guerra.

El propio papa Francisco nos ha avisado reiteradamente que nadie encuentre otras causas para las guerras que asolan el planeta hoy que la cuestión económica. Las guerras son guerras económicas, quizás lo han sido siempre. El mundo multipolar con un elevado número de actores se ha vuelto complejo e impredecible en un escenario que unos tienen recursos, y a veces menos necesidades, y otros los quieren por tener mayores necesidades.

Pero desgraciadamente los que tienen los recursos muchas veces no sacan los beneficios que debieran y el hecho de tenerlos se puede convertir en una maldición, según manifiesta Miguel Ángel Pérez Martín, ya que la obtención de los mismos puede desatar en los países poderosos un ansia de poseerlos para satisfacer sus necesidades, que no se manifiesta en un beneficio real para la sociedad al completo de sus legítimos propietarios. El libro citado manifiesta que en una economía tan globalizada como la que reina en la geopolítica actual, todos los factores de producción (tierra, agua, capital, trabajo y tecnología) son susceptibles de ser empleados como instrumentos de poder para enfrentar a unos estados con otros en pos de la hegemonía económica mundial.

Un recurso natural estratégico es todo recurso natural escaso que sea vital para la actividad económica, actualmente o en el futuro, en relación con estudios de mercado y necesidades, muchas veces inducidas por el consumo y las nuevas formas de vida. Agua, petróleo, gas y minerales son hoy recursos estratégicos muy preciados, origen de muchos conflictos y de flagrantes desigualdades. Como dice la contraportada del libro que citamos en esta tribuna, en la década de 1990, el economista británico Richard M. Auty advirtió por primera vez de la maldición que afecta a algunas naciones productoras que, a pesar de la abundancia de recursos naturales, presentan tasas de crecimiento muy bajas. Este problema es de orden mundial y hace que países que podrían vivir bien con sus recursos compartidos con otros de forma racional, vivan mal o sean objeto de guerras con el sufrimiento que esto significa.

El orden económico mundial basado en un comercio globalizado descontrolado, y cuando se intenta controlar se hace por acuerdos secretos que generan más incertidumbres y problemas, no está generando una situación de igualdad, equidad y fraternidad en el conjunto del planeta. No es fácil salir de esta situación y, por ello, la bendición de tener recursos se puede convertir en una maldición, como se nos indica en el libro Los recursos naturales, ¿bendición o maldición? La geoeconomía se puede aplicar no solo a escala planetaria. Podemos hablar de ella en el marco de las naciones o bien, en su caso, de las autonomías que las integran, como es el caso de España.

Andalucía volvió a ser en 2016, con el 28,30%, la segunda comunidad con más paro. En el segundo trimestre de 2017 los datos del paro muestran un valor del 25,2%. Andalucía tiene el 33% de su espacio protegido, mostrando la mayor riqueza de ecosistemas y paisajes de España, y es la región con mayor espacio protegido de toda Europa.

Una riqueza que hay que poner en valor de forma ecológica, social y sostenible. Tenemos recursos naturales magníficos y, sin embargo, tenemos mucho paro. Andalucía es rica en recursos naturales, la pregunta es ¿podemos convertir esta riqueza natural en economía distribuida? Por ejemplo, la provincia de Huelva tiene el 48,8% de su espacio protegido y ha registrado una tasa de paro del 20,59% en el segundo trimestre de 2017; por otro lado, en esta fecha, la más baja de Andalucía. En la ciudad de Huelva hay 16.000 parados. Huelva muestra unos recursos naturales, ecosistemas y paisajes de primer orden. ¿Podemos hacer que redunden en beneficio de todos los onubenses? ¿Puede ocurrir que tanta protección, deseable por otro lado, limite el desarrollo económico necesario, social y distribuido? No es deseable. Es un tema sobre el que hay que pensar y visualizar cuales son los motores económicos actuales y futuros de cada provincia de Andalucía y hacerlos compatibles con la protección de una manera científica, inteligente y racional.

Hay que tener mucha cautela con las restricciones al desarrollo por motivos ambientales, debe primar la ciencia de verdad, con razonamientos sólidamente asentados y no meras opiniones, y la razón, sin olvidar el beneficio social generalizado que permita proteger y desarrollarse.


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