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La importancia de la acción social

El objetivo de construir una sociedad parte del fin positivo, y es ‘per se’ la meta de cada persona y de estas en su conjunto. La fuerza está en la persona

14 ago 2018 / 20:51 h - Actualizado: 14 ago 2018 / 20:51 h.
  • La importancia de la acción social

El bien común sitúa a la acción social en lo que se puede considerar el marco práctico del progreso de la sociedad, convirtiéndose en la referencia de los diversos agentes y organizaciones sociales, en tanto que conjuga el fin positivo que las personas realizan en su devenir social con el objetivo de construir una sociedad fiel a los principios de respeto y convivencia entre las personas, una sociedad con valores.

El fin positivo tiene que ver con la voluntad de construir un espacio social en donde cada persona pueda realizar sus sueños, siempre y cuando estos estén sembrados por el esfuerzo, la coherencia y el empeño de trabajar para conseguirlos. Significa esto que la senda a recorrer es un trecho en donde cada día será preciso rearmarse de entusiasmo, amparándose en la ilusión de poder alcanzar la meta. Hay que hacerlo con honestidad y aportando valores que puedan ser luz para todos aquellos que quieran ser portadores de proyectos que aporten valor añadido a las personas y, por ende, a la sociedad.

Así tenemos que el objetivo de construir una sociedad parte del fin positivo, y es per se la meta de cada persona y de estas en su conjunto. La fuerza está en la persona. Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque hoy los responsables políticos tienen la tentación de atribuirse la capacidad, en exclusiva, de pensar que son ellos los que construyen la sociedad. La democracia es una herramienta muy positiva por cuanto nos recuerda que la fortaleza de su existencia emana de cada sujeto; los partidos políticos están al servicio de las personas y deben ser sus garantes en la defensa de sus derechos. Las personas nunca son meros sujetos pasivos de la acción social; son los valedores de que la misma sea el fin positivo que toda sociedad debe de tener. Un partido político en democracia tiene el reto de lograr potenciar una acción social basada, de manera exclusiva, en la potenciación de una convivencia pacífica y deudora del respeto hacia las normas de convivencia que se hayan acordado democráticamente; porque esto hará que los servicios que se deban prestar a los ciudadanos sean, en verdad, una manifestación práctica en aras de responder a sus necesidades, y no se conviertan en una moneda política cargada de intereses partidistas y clientelares; esto va en contra del progreso y la innovación social, podemos decir que la democracia se quiebra.

La doctrina social apunta al respecto, «que la comunidad política encuentra en la referencia al pueblo su auténtica dimensión: ella es, y debe ser en realidad, la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo. El pueblo no es una multitud amorfa, una masa inerte para manipular e instrumentalizar, sino un conjunto de personas, cada una de las cuales —en su propio puesto y según su manera propia— tiene la posibilidad de formar su opinión acerca de la cosa pública y la libertad de expresar su sensibilidad política y hacerla valer de manera conveniente al bien común».

El bien común lo que busca es recordar a cada persona que tiene la responsabilidad de no ponerse de espaldas ante el momento histórico y social que le toca vivir. Conjugar bien común con la acción social es poder lograr un sueño, y ese sueño es el del progreso social; pero sin renunciar a principios y valores que son los que pueden hacer grande a una sociedad.

La acción social referida al desarrollo de leyes sociales que den respuesta a las necesidades de las personas que forman parte de la sociedad en los ámbitos educativo, sanitario, sociosanitario y social, tiene que tener muy claro que se sitúa en el logro del fin positivo. Esto significa que, desde la libertad de cada persona, se debe ejercer el derecho a proponer modelos de funcionamiento y organización en aras de prestar los servicios necesarios a la sociedad en los ámbitos señalados. Las Administraciones Públicas deben ser garantes de que no exista marginación y de que todos los ciudadanos puedan acceder a estos espacios bajo el amparo del derecho subjetivo y universal. Por esta razón se precisa de la colaboración de todos los agentes y organizaciones sociales, porque la riqueza de una democracia reside en el fin positivo, y para ello trabajar de manera conjunta es el camino que hay que seguir.

Las Administraciones Públicas están llamadas a ejercer un servicio de coordinación aprovechando la existencia de todos los recursos existentes en la sociedad; no es su rol marginar la iniciativa y al emprendimiento de empresarios y entidades sociales (fundaciones, ONGs, asociaciones, cooperativas, etc.); al contrario, deben de velar por sus iniciativas y lograr que formen parte de una red universal de atención a las personas en la educación, la sanidad, lo sociosanitario y lo social, y esto en consonancia con los recursos dependientes directamente de las Administraciones Públicas. La suma nos hace eficientes y eficaces, restar recursos y fomentar la confrontación nos empobrece.

Aquí, de nuevo, es importante prestar atención a la doctrina social porque lo que caracteriza en primer lugar a un pueblo es el hecho de compartir la vida y los valores, fuente de comunión espiritual y moral: «La sociedad humana... tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu; a disfrutar en común del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás los mejor de sí mismos; a asimilar con afán, en provecho propio, los bienes espirituales del prójimo. Todos estos valores informan y, al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la economía, de la convivencia social, del progreso y del orden político, del ordenamiento jurídico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresión externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo».

Hace pocos días el periódico económico Expansión publicaba una entrevista a José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España y de Freixenet; sin duda el contenido de la misma es un ejemplo excelente de lo que hoy precisamos en la sociedad para que el bien común sea el referente de la acción social.

La próxima semana intentare reflexionar sobre bien común y cooperación internacional: riqueza y pobreza.


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