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Viéndolas venir

La importancia de leer

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
13 ene 2019 / 10:39 h - Actualizado: 13 ene 2019 / 10:41 h.

Hoy nos parece imposible que hace mucho menos de lo que pensamos fuéramos a clases de informática sin que existiese internet. O que pudiéramos hacer un trabajo para el cole sin acudir a don Google. Pero así fue. Y adquirimos la cultura suficiente para defendernos en la vida sin el peligro de estas infoxicaciones, saturaciones y desinformaciones que ahora acechan a nuestra juventud, inconsciente aún de que la clave no está en tener toda la información del mundo al alcance de los dedos, sino en saber gestionarla. Saber leer, nos decían hace tanto, no consiste en juntar las letras, sino en descubrir qué hay de verdad bajo ellas. Recuerdo como si fuera ayer aquellas mañanas veraniegas en que yo mismo me perdía por las estanterías de la biblioteca municipal de mi pueblo con la impaciencia intacta de que nos fuéramos a morir sin haber leído todo lo que merecía la pena. Saltábamos de un libro a otro, hechizados por la magia de aquellas historias construidas solo con palabras, con las mismas palabras que también servían para hacer la lista de la compra o para insultar. Palabras de amor, palabras, que decía Gerardo Diego... A veces nos sentábamos en uno de aquellos sillones de otra época y nos olvidábamos de este mundo, hasta que aquel bibliotecario de elegancia inglesa que solo veía de frente nos bisbiseaba que era la hora de cerrar... La biblioteca olía entonces a las pastas de tantas enciclopedias silenciadas. Siempre hay un instante en que los niños se olvidan de que están leyendo, como se olvidan de que pedalean en la bicicleta, y solo entonces empieza la mayor aventura de sus vidas.

Pero esa aventura hay que propiciarla, sobre todo ahora que las pantallas nos saturan todo el rato con la información procesada que han leído otros; ahora que tantas lecturas fragmentadas nos estimulan en el parpadeo incesante de una actualidad desquiciada a golpe de clic, regalándonos falsamente la sensación de estar leyendo, aunque no cultivemos sino esa sensación alargada e inútil de que el mundo está fatal.

Y así pasa lo que pasa: que llegan unas elecciones y nos sorprendemos de que tanta gente vote a favor de propuestas disparatadas, preconstitucionales, bárbaras, pues la inmensa mayoría de los votantes no leen los programas, sino que oyen cantos de sirena que les regalan el oído, tópicos y frases hechas, titulares en conserva, medias verdades que parecen evidencias.

Por eso es tan revolucionario que en determinados lugares de nuestro entorno monten una biblioteca y un club de lectura infantil aprovechando los libros que alguien dejó en herencia. Ha ocurrido en el ateneo Arbonaida de El Cuervo, un pueblo tan dinámico culturalmente gracias a ese mismo ateneo que se vuelca a lo largo de todo el año con actividades abiertas sobre literatura y música, sobre historia y patrimonio, medio ambiente, cine o arqueología. Que una docena de chiquillos sin móviles y sin obligación escolar se sienten en torno a una mesa de la Casa de Postas de ese pueblo en medio de ninguna parte y lejos de todas salvo de su propio corazón, para leer una historia completa, ficticia o real, puede ser el síntoma de que, aunque lo parezca, no está todo perdido.

El ateneo Arbonaida, que tomó su nombre de como se decía “blanca y verde” -en referencia a nuestra bandera- en la lengua romance andalusí, la aljamía, descubrió no hace demasiado, gracias a la investigación de Antonio Amarillo, que en la II República también hubo en El Cuervo un ateneo liderado por José Moreno Vargas, el Mojiconero, el hijo de aquel Joaniquí que solo dejó una choza y la ensoñación aromática de una soleá, o unas cuantas. Aquel ateneo de tan breve vida que fundó El Mojiconero se llamaba Amantes del progreso -qué pena de amantes- y, entre sus actividades, estaba la de leerles las leyes a los jornaleros analfabetos...

Casi un siglo después, los tataranietos de aquellos jornaleros ya saben leer. Y siguen leyendo para aclarar su progreso en el mismo ateneo resucitado que ha asumido para siempre la importancia de leer.


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