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La importancia del movimiento

El aire ya estaba ahí pero es en el momento de encender el ventilador y nos hace reflexionar sobre una realidad obvia: la importancia del movimiento

María Graciani m_graciani /
14 jul 2018 / 20:11 h - Actualizado: 14 jul 2018 / 20:18 h.
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Calor, mucho calor» así te respondería el día, a lo James Bond, si le preguntases como se llama, y al igual que el famoso agente secreto, tiene «licencia para matar» porque este calor, como te descuides, puede acabar contigo.

Mientras escribo estas líneas miro el termómetro, 32ºC, madre mía... ¡se me va a derretir hasta la creatividad! pego un sorbito a mi agua con limón y enciendo el ventilador, ¡esto es otra cosa! el fresquito refresca y espabila, es curioso... El aire ya estaba ahí pero es en el momento de encender el ventilador cuando agradecemos su presencia, esto hace reflexionar sobre una realidad obvia que, precisamente por su obviedad, a veces se nos escapa: la importancia del movimiento.

Como dice Javier Moro: «Un movimiento es capaz de cambiar una vida», se empieza por cambios sencillos como encender un ventilador, un gesto simple, pero ese aire en movimiento ya logra que te sientas más contento, y... ¿quién no se mueva? pues su progreso quedará preso en la oscura cueva de las quejas y del estancamiento (personal, profesional, humano). «Dejarlo estar» no suele ser una buena decisión porque, lo más leve que te puede suceder, es que sigas pasando calor, de ahí para arriba... No es suficiente con estar (como el aire) para resultar útil (para ti mismo, para los demás) hay que moverse: el movimiento es productivo, decisivo, evolutivo... ¿Quieres sentirte bien contigo? ¡no lo dudes, muévete amigo! te pueden salir las cosas como pensabas o no, lo que es seguro es que algo vas a aprender y el aprendizaje siempre entraña un crecimiento.

«Virgencita que me quede como estaba»

¿Cuántas veces no habremos escuchado esa frase?, lo malo del «Virgencita que me quede como estaba» es que te lleva a vivir en «modo traba», es decir, atado de pies y manos por nuestros propios miedos, indecisiones, pereza... ¿por qué? porque no tenemos la certeza de repetir algún logro –así anestesiamos la destreza– o, simplemente, no estamos seguros de conservar el statu quo y así nos convertimos en auténticos búhos, esto es, nos transformamos en aves rapaces nocturnas porque cuando no te mueves, quedas instalado en la oscuridad de tu zona de seguridad, de la costumbre y te tienes que conformar con alimentarte con los ratones de la monotonía y de la desidia (claramente, la situación está lejos de ser una maravilla).

Desde los tiempos de la Grecia Clásica tenían más que claro que la vida es cambio, de hecho, el filósofo griego Heráclito afirmaba que «ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río», tenía razón, las aguas se renuevan constantemente, están en movimiento, fluyen y eso es lo que hace que no podamos bañarnos dos veces en el mismo río. Si esto sucede con el agua, imagínate con las vidas de las personas... Por eso resulta un tanto ingenuo eso de entonar el «Virgencita que me quede como estaba» porque la vida, como el río, se renueva, cambia, está en movimiento... Ante esta realidad constatada, puedes adoptar dos posturas: decidir no moverte porque crees que así eludes el cambio (no es la decisión más inteligente porque al elegir quedarte quieto, el cambio te pasará por encima, como una gigantesca ola y al decidir no nadar... podrías ahogarte) o moverte para transformar el cambio en algo favorable para ti. En cualquier caso, esforzarse por mantener el statu quo es remar contracorriente porque la naturaleza de la vida es el movimiento, es mejor que lo sepas, que estés atento para saber aprovechar cada uno de tus momentos porque factores como el rendimiento o el reconocimiento dependen de la importancia de tus movimientos.

¿Blancas o negras?

A veces la vida se asemeja a un enorme tablero de ajedrez, no hay que perder tiempo lamentándose porque la anterior jugada no salió bien y pensar que lo mejor hubiera sido no mover (porque jugar tienes que jugar sino otros jugarán por ti); no, lo más productivo es saber recomponerte teniendo presente que la partida no ha terminado y que es importante que muevas tus piezas con inteligencia porque cada uno de tus movimientos constituirán una declaración de intenciones.

Las estadísticas demuestran que las piezas blancas suelen ganar más que las negras, ¿eso que significa? ¿que si tienes las negras –ya sea por azar o por una mala decisión– ya vas a perder? nada que ver... No centres tu atención en si juegas con blancas o negras, el color no importa, lo único que puede hacer que la partida sea larga o corta son los movimientos del jugador.

¿Termómetro o ventilador?

Volviendo al tema del calor. No basta con constatar que hace calor (termómetro) sino que hay que hacer algo al respecto (ventilador). En la vida sucede exactamente lo mismo: hay personas termómetro y personas ventilador. Las primeras miden y juzgan; las segundas se ponen manos a la obra y se mueven. Súmate a las «personas ventilador» ¡refresca el ambiente, tu corazón y tu mente! y demuestra que, con tu movimiento, sabes llenar de valor el presente.


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