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La vida del revés

La movilización imposible

11 feb 2019 / 10:58 h - Actualizado: 11 feb 2019 / 11:01 h.
  • La movilización imposible

Hoy, ser de derechas o de izquierdas es votar a un partido de derechas O a uno de izquierdas. Consiste en eso y sólo en eso. La gran diferencia con, por ejemplo, los votantes de los años treinta en España, es que ellos también votaban a un partido de derechas si eran de derechas o a un partido de izquierdas si eran de izquierdas; pero votaban, además, una ideología; votaban, además, una forma de vida y de entender las cosas; votaban, además, sabiendo que estaba en juego la libertad o la propia vida, como quedó demostrado en aquella época.

Hubo un tiempo en el que los universitarios españoles fueron marxistas, maoístas, leninistas o falangistas. ¿Qué pueden ser hoy? ¿Alguien me puede decir qué ideas manejan Sánchez, Casado, Rivera, Abascal o Iglesias? ¿Acaso alguno de estos líderes políticos genera un mínimo de confianza en el futuro?.

Si preguntan a los jovencitos que tienen a su alrededor cómo se llama el presidente de la Junta de Andalucía se quedarán ustedes sorprendidos de la apatía y de la ignorancia con la que viven los jóvenes la actividad política municipal, autonómica o nacional. Porque también pueden preguntarles el nombre de algún acalde o de algún ministro. Ni saben ni quieren saber.

Si existiera algún político importante, un político capaz de hacernos creer que el futuro es cosa de todos, un político capaz de dialogar para conseguir imposibles, o un político que desmintiera que el mundo está en manos de los mediocres, nuestros jóvenes se interesarían por la política. Claro que sí.

No hay ideas, no hay líderes, no hay carisma; la política nacional está vacía. Y por eso no hay forma de movilizar al personal. En este sentido, los independentistas catalanes sacan una ventaja sideral al resto de formaciones políticas. Han sabido entregar a los suyos algo por lo que luchar (estúpido, equivocado o lo que se quiera, pero algo por lo que luchar). Y mientras que la despensa de ideas no nos ofrezca nada que llevarnos a la boca, nuestra sociedad estará condenada a la irrelevancia, a un futuro anodino y a construirse sobre el vacío. Una pena.


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