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La Tostá

La música de las tabernas

18 oct 2016 / 07:11 h.

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Amar a Sevilla no tiene por qué significar ceguera, si es verdad que el amor es ciego, que tengo mis dudas, porque siempre he pensado que, al menos, Cupido duerme con un ojo abierto. Sevilla es una ciudad casi perfecta, pero sus bares y tabernas parecen galleras. En Ávila, por poner un ejemplo, entras en una taberna y crees haber entrado en una iglesia. No suele haber un silencio lúgubre, que tampoco es eso, pero sí respetuoso. Como Sevilla es tierra cantaora y en el cante hay diversidad de voces y timbres, hay quien habla con la voz afillá, del Fillo, otros la tienen laína, tipo Vallejo, rizada como Marchena o nasal como Manuel Torres. Siempre hay un Farina o una Paquera y, aunque menos, un Fregenal, que son esos que hablan con un hilito de voz, pero de miel. Aguantas todo lo que puedes, hasta que el Betis o el Sevilla marcan un gol por toda la escuadra y entonces es como si cuarenta personas a coro hicieran el macho de Manuel Molina. Es el momento de irse y de buscar alguno de esos silencios de Sevilla, maestrantes, que son una cura de urgencia para el molido tímpano.


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