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La Piedad de Caura

18 mar 2017 / 21:26 h - Actualizado: 18 mar 2017 / 21:26 h.

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Como una rosa que emerge de la tierra. Como una ilusión que consigue adentrarse en el corazón. Así se vivió el sábado la bendición de la Piedad, la nueva obra de José Antonio Navarro Arteaga para la ciudad de Coria. La hermandad de San José, que tantas cosas hace por su barrio y que tanto quieren en la antigua ciudad que pervive a orillas del Guadalquivir, viene a completarse de esta manera. Una Piedad. Para dar sobriedad, profundidad y espiritualidad en estos tiempos donde vemos a Dios tan lejos. Para tocarlo, para tener el espejo de la Madre en los ojos, para que en la retina nunca olvidemos que el amor no muere. El Amor de Dios también es vida en la muerte. Para confirmar la fe ante los dolores. Porque la Piedad es Misericordia. Esa Iglesia formada por la gente que sufre, sin caretas, sin pretensiones. Es decir, a pecho descubierto y siendo ricos por haber experimentado la presencia de Dios. Una Piedad para que el ser humano recapacite. Porque creemos que no necesitamos referentes, que las imágenes son cosas del pasado. Pero para llegar a Dios, para tocar lo invisible nuestras torpes manos siempre anhelan la belleza de lo efímero.

Una Piedad que no respira porque lo hace en los demás. Es la superioridad de la verdad absoluta. Del que se acerca y ve delante, lo que le pasa. Un título que en el grupo escultórico nos recuerda que tenemos que ser personas religiosas, piadosas. Ser todo eso que nos dicen que no seamos. Nos recuerda que tenemos que vivir con la convicción de que la vida futura existe. Una Piedad que llega para demostrar que la Semana Santa tiene una nueva visión, donde se crece en la riqueza. Porque la Semana Santa es una celebración religiosa y no una fiesta. Y quien diga lo contrario, no ha entendido nada. En la antigua Caura, han querido ser creativos. Ruan negro y capirote largo para el futuro. Son las cosas de la gente humilde. Y ahora toca mirar adelante, con un paso más. Tal vez no todo el mundo esté convencido de esta nueva realidad. Puede haber quien recele de esta imagen pero, al final, el Señor hará que todos entendamos que es bueno para el pueblo y su Iglesia. Ahora la vida es Evangelio. Donde todo lo que se predica, ha de cumplirse. Donde todo lo que se ve, no hay que demostrarlo si no vivirlo. Y ser sembradores de Esperanza. Porque eso es vivir en este mundo difícil. Hacerlo como San José, custodios de una fe popular pero sin brillar, humildemente, pero a la vez de manera férrea y con convicción. Esa es la Piedad. Dos imágenes que tienen una única descripción, el amor. El de Dios.


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