lunes, 12 noviembre 2018
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La puerta de la Feria

16 abr 2018 / 20:57 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 20:59 h.

Desde que al final de sus años como alcalde a José María Ybarra se le ocurriera levantar un arco triunfal lleno de símbolos agrarios para que la gente entrara por él al real de la fiesta abrileña, en el Prado de San Sebastián, primero, y en Los Remedios, después, reinó la portada que, de la mano del artista que la creaba, resumía y diferenciaba anualmente el festejo. La portada adquirió el estilo que la hizo clásica (y la exportó a otras ciudades y latitudes) con las reglas que rigieron en el historicismo arquitectónico local, tan sevillano que pasó a denominarse regionalismo: las reglas del puzle. Su belleza se basaba en el saber combinar con sabiduría y con gracia motivos y elementos preexistentes que formaran un conjunto armónico de líneas reconocibles por quienes la veían o, al menos, intuitivamente cercanas.

Por este método sencillo se llegaba a una Disneylandia avant la lettre pasando por debajo de un puente de los del canal de la Plaza de España y por un puente de Triana flanqueado por las torres iberoamericanas de Aníbal González, una arquitectura de recortes llevada a lo irracional. La de este año es un ejemplo, más que bueno, paradigmático, de la continuidad del surrealismo sevillano de los Años de Oro de la Feria. Sin embargo la más surrealista fue –por llevar la paradoja al infinito– la que lució en uno de los años que Gregorio Serrano fue delegado de Fiestas Mayores: fue la de la copia exacta de la fachada del Salvador. Aquel año pareció que no entrábamos en la Feria sino en la sacristía de una bodega.


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