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La trastienda hispalense

La Reina de Sevilla

12 ago 2017 / 21:53 h - Actualizado: 12 ago 2017 / 22:42 h.

La fe que, eterna, corona Sevilla en la Catedral, ondea su vela y pregona que nuestra bella Patrona sueña en su fiesta triunfal cuando a las ocho y sereno Sevilla le entrega el cielo a los pies de su alminar... Minarete de cantares de almuecines almohades y de salves marianas, obelisco de oraciones donde danzan los fervores del pueblo con Santa Juana, faro, guarda, Luz y Guía, Giralda, Santa María con su legión de campanas.

El orfeón de bronce de nuestras vidas, el carillón de una torre que nos domina y que el 15 de agosto, siempre nos llama con San Joaquín, San Fernando y Señá Santa Ana, Asunción de los cielos, Alba y Aurora, tumbilla, trono y realeza, cetro, corona y grandeza de Nuestra Reina y Señora.

Y en la Puerta de los Palos, entre nardos nacarados y costumbres ancestrales, Sevilla reza en silencio una Salve de silencio que solo a silencio, sabe, silencio que corta el viento, silencio de sentimientos de una hermosa sinfonía, silencio de pentagramas, de los Reyes, Soberana, en la Tierra de María... Y en la Puerta de los Palos, entre nardos nacarados, silencio y sevillanía.

Y Ella... guapa, candorosa, sonriente, cabellos de oro, románica, hermosa, magnificente, con San Leandro y San Isidoro, camina con alemanes y portugueses, francos y genoveses a la orilla de las Gradas, Reina de Reyes, Patrona, por Sevilla, Emperadora y por Roma, Coronada, en procesión con su historia, alrededor de la gloria del magno templo cristiano, con norias de bendiciones, chicotás de tradiciones y estandartes sevillanos de la Sierra y la Campiña, de la Huerta y de la Viña, de la Vega y la Ribera, Sevilla y el gran Sagrario de sus pueblos y sus barrios, de sus calles y plazuelas... Porque Ella es el pañal donde nacemos, el designio y el destino que nuestras madres nos dieron, el regazo que nos guarda y el amor que nos aguarda en la Sevilla del cielo.

Porque Ella es la Estrella trianera de puente y río con la Gracia y Amparo de su Rocío, la Piedad con su Niño baratillero que murió corneado sobre un madero, la Salud que clamamos tras de su manto, castillos y leones de un palio santo, baldaquino y tumbilla, cuatro varales, la Reina de Sevilla sobre costales, la Esperanza serena que nos sosiega, con el Niño en sus brazos de Macarena, Concepción Nazarena de madrugada, Alianza y Triunfo de Inmaculada.

Y en su manto salmón, bordados angelicales de las Hermanas de la Cruz: ¡In manus tuas, Virgo María, virtus et potentia!... ¡En tus manos, Virgen María, virtud y poder!

Y en mi corazón, tres gracias...
Con la vida, me quedo. ¡Dios te Salve, Madre! ~


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