miércoles, 23 agosto 2017
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La revolución de la ternura

Una persona grande de verdad refleja su grandeza en la sencillez de su actuar y en el respeto hacia los demás. ¡Iniciemos la revolución de la ternura! así aportaríamos al mundo las necesarias dosis de corazón y cordura

12 ago 2017 / 21:00 h - Actualizado: 12 ago 2017 / 21:22 h.
  • La revolución de la ternura

Porque puedo» esta es la razón que esgrimen algunas personas cuando les preguntas el porqué de sus acciones. Hacer algo motivado únicamente por el «porque puedo» equivale a decir que las consecuencias les importan un bledo, no les ha movido lograr un objetivo concreto, ayudar o aprender, el único resorte ha sido el poder por el poder, es decir, tenían la facultad de hacer algo y lo hicieron, así su ansia de poder satisficieron. Quien tiene como maestro al «porque puedo» deja al sentido pisoteado en el suelo y, desde luego, nunca salta al ruedo porque es de naturaleza cobarde, prefiere quedarse escondido detrás de su poder y que entre en faena otro que le tenga que obedecer.

El doctor Phil Zimbardo de la Universidad de Stanford define el mal como «el ejercicio del poder» y el psicólogo de Yale, Stanley Milgram, lo califica como «la disposición de la gente a obedecer ciegamente al poder», esto es, que tanto daño hace el «porque puedo» como el «porque no me queda más remedio» y se quita de en medio esgrimiendo que él estaba libre de toda responsabilidad... Y entonces, ¿la decencia, la ética, la conciencia, la vergüenza torera? está más que claro: se quedaron afuera. Probablemente, la definición más certera de «PODER» sea la POlítica del joDER, pues es lo único que se consigue, como en el siguiente ejemplo se puede ver. El profesor Milgram puso a prueba a 1000 personas normales que acudieron al ver su anuncio: «Lo psicólogos queremos entender la memoria, queremos mejorar la memoria porque es la clave del éxito, les daremos cinco dólares. No queremos universitarios sino gente normal de entre 20 y 50 años: barberos, oficinistas...». En el experimento, un voluntario tendría el rol de aprendiz y otro el de maestro, ambos separados por una habitación. Al aprendiz se le ata a un aparato de descargas y la autoridad (el psicólogo) le dice al maestro que su misión es que esa persona aprenda, si lo hace bien, le recompensa; si lo hace mal, aprieta el botón de descarga eléctrica.

El primer botón es de 15 voltios (ni lo siente), el paso siguiente son otros 15, el problema es que el nivel de voltaje sigue creciendo hasta llegar a los 450 voltios y al apretarlo había quien gritaba: «¡tengo problemas de corazón, yo me voy de aquí!», entonces quien tenía el rol de maestro preguntaba preocupado: «¿quién es el responsable si pasa algo?», y cuando el psicólogo respondía que no se preocupara, que él estaba al mando, continuaban apretando el botón... ¿Qué porcentaje de personas dirías que llegaron al botón de los 450 voltios? Milgram hizo más de 16 estudios como este, pensaba que menos del uno por ciento llegaría a ese botón –porque era un comportamiento sádico– pero... ¡sorpresa! el 90 por ciento de las personas lo apretaron. Esto es lo que sucede cuando crees que no tienes ninguna responsabilidad, cuando eres esclavo del poder: deshumanizas tu ser (y el de los demás).

Afirma el papa Francisco que «la ternura es el amor que se acerca y se hace concreto, es un movimiento que parte del corazón. La ternura es usar los ojos para ver al otro; la ternura significa usar las manos y el corazón para cuidar al otro, para acariciarlo; la ternura es el lenguaje de los más pequeños... Un niño se encariña y conoce al padre y a la madre por las caricias, la voz, por la mirada, por la ternura... Sí, la ternura es el camino que han recorrido los hombres y mujeres más valientes y fuertes. La ternura no es debilidad, es fortaleza, es el camino de la solidaridad, de la humildad. Cuanto más poderoso eres, mucho más humilde has de ser porque sino el poder te arruina y tú arruinarás a los demás... El poder con humildad y ternura se hace servicio y difunde el bien», sabias palabras... Una persona grande de verdad refleja su grandeza en la sencillez de su actuar y en el respeto hacia los demás. Cuando a la potestad de hacer (poder) se la reviste de conciencia, de tacto, de ternura, de cercanía, de humildad... se llena de significado el concepto humanidad porque el poder se hace humano cuando se hace uso de él para echar una mano, entonces propiamente ya no es poder sino servicio pues buscaba el humano beneficio.

En una palabra: ¡RETE! usted, su hijo, su pareja, su primo el de Albacete... ¡Iniciemos la REvolución de la TErnura! así aportaríamos al mundo las necesarias dosis de corazón y cordura; la capacidad de acción disfrutaría de mayor holgura porque se sentiría libre de las garras del más fiero de los tigres (el poder) y construiríamos la fortaleza que más dura (la humana), ya lo avisaba, sobre el año 169 a.C. el autor de comedias, Publio Terencio: «comete un grave error el que se imagina que es más firme y duradera la autoridad fundada en el rigor que la fundada en el cariño».

Con ternura y humildad, el mundo se puede transformar (a mejor).


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