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La tecnología será el talento

Todos estamos de acuerdo en la importancia de la revolución digital, pero muchas empresas solo se limitan a dar un barniz a métodos de trabajo que tienen 20 o 30 años sin entender de qué va todo esto

06 nov 2017 / 22:34 h - Actualizado: 07 nov 2017 / 21:24 h.
  • La tecnología será el talento

La transformación digital es un concepto, un mantra empresarial, que ha llegado para quedarse. Y como término que se extiende de los círculos académicos al común de los mortales, corre un serio riesgo de simplificación.

Cuando hablamos de digitalización empresarial, en muchas ocasiones, estamos asistiendo a una aplicación un tanto caduca de un concepto realmente potente que podría hacernos cambiar nuestra manera de entender el entorno, las compañías y nuestros clientes.

Nos encontramos con lógicas y métodos de trabajo de hace 20 o 30 años que buscan darse una pátina de modernidad sin haber entendido muy bien de qué va esto.

La transformación digital no va de usar sofisticados programas de gestión o plataformas de big data en la empresa. Corrijo: no solo va de eso.

Implica un cambio profundo y estructural que debería aplicarse de manera holística en la organización: en el corazón de nuestro negocio, en la manera en que nuestra empresa está en el mundo, en la relación con nuestros clientes y en la gestión de nuestro mayor capital, el talento de quienes trabajan con nosotros.

La tecnología es una oportunidad y sobre todo es una herramienta.

Un instrumento que en sí mismo no conlleva la necesaria reorientación al cliente y al mercado global que nuestras empresas, especialmente en Andalucía, quieren y deben llevar a cabo bajo pena de desandar el camino de éxito que la crisis nos obligó a tomar.

Porque esa orientación, tienen que dársela quienes la usan.

Las empresas andaluzas tienen ganas, tienen interés y están comenzando a interesarse por este nuevo must del management.

A punto de cumplirse una década del inicio de la crisis que ha marcado muy especialmente la realidad social y laboral de los que estamos en la década de los 30 años, parece que la tecnología por fin se ha implantado y asimilado en algunos segmentos y ámbitos de trabajo.

Es el caso del marketing, quizás una de las primeras áreas en usar con todas las de la ley el apellido digital.

Porque la eclosión de internet, la globalización y la web social han puesto a muchas empresas al borde del abismo: renovarse o morir para no quedarse atrás, para no ser menos que la competencia.

En marketing hemos pagado esa falta de convencimiento: muchas empresas nunca llegaron a fiarse del todo y su presencia online ha sido residual, no ha respondido a una estrategia de negocio e incluso se ha dejado en manos de personas con poco conocimiento y aún menos experiencia.

Eso ha provocado un efecto doble muy pernicioso: muchos profesionales altamente cualificados han tenido que trasladarse fuera de Andalucía buscando multinacionales o startups con verdadera vocación digital, y las propias empresas se han sentido profundamente decepcionadas con el marketing digital, puesto que tenían unas expectativas que, sin saber, ellas mismas han boicoteado.

De todo esto nos estamos recuperando, pero el proceso es lento.

Ahora volvemos a la carga con la digitalización empresarial y da vértigo pensar que pudiera ocurrir lo mismo, que no nos lo tomemos en serio porque no lo estemos entendiendo.

Sería un fracaso que el tejido empresarial de esta tierra rica en recursos, y sobre todo en talento, no aprovechara esta fantástica oportunidad de conquistar el futuro.

Sería una auténtica pena que nuestros empresarios y empresarias se quedaran en la superficie, diseccionando sus empresas en pequeños reductos tecnificados sin realizar un análisis crítico y global del por qué, del cómo, de los objetivos de incorporar la tecnología en su organización.

Y sería también triste que las administraciones no apoyaran con toda su potencia esta necesaria transformación digital. Un apoyo no solo económico, sino institucional. Una agenda clara, consolidada, pública y consensuada con todos los actores públicos y privados y con un compromiso real de adecuado cumplimiento.

Nuestras empresas tienen el talento necesario para llevar esto a cabo. La internacionalización y la economía digital global nos conducen irrevocablemente a la senda de la digitalización.

Por favor, hagámoslo bien.

Maximicemos nuestras capacidades y nuestro potencial repensando nuestros objetivos, nuestros procesos, nuestra venta en un nuevo contexto de oportunidad.

Porque hay mucho por hacer, porque se trabaja mucho y bien en Andalucía. Porque se abre un mundo de posibilidades.

Ya son muchas las empresas que trabajan bajo políticas de cero papel en sus procesos administrativos, que utilizan soluciones de CRM para detectar posibles clientes y mejorar su actividad comercial e incluso las hay que trabajan con plataformas de Big Data que permiten establecer tendencias de consumo y estrategias de posicionamiento empresarial a través de las diferentes fuentes de obtención de datos que tiene compañía. Las posibilidades son enormes.

No obstante, pensar que la mera digitalización de los procedimientos de trabajo de una empresa es hablar de transformación digital es un error en el que no deberíamos de volver a caer.

En un universo de indicadores, datos, estadísticas y entornos predictivos, la creatividad, las ideas y, en definitiva, la inteligencia son aún más necesarias y valiosas. Y de eso no podemos olvidarnos al dejarnos llevar por la fascinación del dato.

Ahí reside una de las grandes oportunidades de la empresa andaluza. Si somos capaces de situarnos al mismo nivel tecnológico que la competencia nacional o internacional más sofisticada, nuestro principal riqueza, nuestro talento nos pondrá por delante.


Amparo Cantalicio es consultora de marketing. Especialista en digitalización, comunicación y desarrollo de negocio.


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