domingo, 15 septiembre 2019
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, última actualización

La verdadera esencia del Manquepierda

18 may 2018 / 19:14 h - Actualizado: 18 may 2018 / 19:14 h.

El Real Betis Balompié es un sentimiento que está por encima de victorias y derrotas, cuanto más duele, más se le quiere. Esa inderrocable moral a prueba de derrotas que diría Joaquín Romero Murube. Que le pregunten por ello a ese Betis de apellidos vascos que ganó la única liga que luce en las vitrinas del Villamarín, por eso los béticos sabemos perder mejor que ganar. Y por esa inderrocable moral a prueba de derrotas se es bético por tesón, romanticismo y sevillanía, que diría el poeta, pilares de una razón de ser que sobrepone la miel de la victoria al amargo sabor de la derrota. Soy del Betis hasta cuando gana, dicen con acierto, y ahora que este Betis de vértigo está donde merece, aferrado a ser el grande que es, coloca la guinda del pastel a una planificación perfecta, con la anhelada estabilidad del club, la constancia del vestuario, los béticos inexorables que forman su afición, su apoyo incondicional y unos jugadores que saltan al césped sabiendo lo que se lleva bordado a la izquierda, y pare usted de contar. Entre todos han conseguido devolvernos a los béticos la ilusión, aunque nunca la hayamos perdido del todo, que es también algo muy bético. Cuando estas líneas ya no me pertenezcan, su Majestad el Real Betis Balompié regresará de Madrid siendo quinto o sexto en la tabla, algo que ningún bético posiblemente hubiese podido imaginar. Démosle las gracias a Setién que parece saber dónde se encuentra, cuando decía que a este kilómetro del camino se había llegado con fe y ambición, pero sobre todo con humildad, que en definitiva, es la verdadera esencia del Manquepierda.

El Real Betis Balompié es un sentimiento que está por encima de victorias y derrotas, cuanto más duele, más se le quiere. Esa inderrocable moral a prueba de derrotas que diría Joaquín Romero Murube. Que le pregunten por ello a ese Betis de apellidos vascos que ganó la única liga que luce en las vitrinas del Villamarín, por eso los béticos sabemos perder mejor que ganar. Y por esa inderrocable moral a prueba de derrotas se es bético por tesón, romanticismo y sevillanía, que diría el poeta, pilares de una razón de ser que sobrepone la miel de la victoria al amargo sabor de la derrota. Soy del Betis hasta cuando gana, dicen con acierto, y ahora que este Betis de vértigo está donde merece, aferrado a ser el grande que es, coloca la guinda del pastel a una planificación perfecta, con la anhelada estabilidad del club, la constancia del vestuario, los béticos inexorables que forman su afición, su apoyo incondicional y unos jugadores que saltan al césped sabiendo lo que se lleva bordado a la izquierda, y pare usted de contar. Entre todos han conseguido devolvernos a los béticos la ilusión, aunque nunca la hayamos perdido del todo, que es también algo muy bético. Cuando estas líneas ya no me pertenezcan, su Majestad el Real Betis Balompié regresará de Madrid siendo quinto o sexto en la tabla, algo que ningún bético posiblemente hubiese podido imaginar. Démosle las gracias a Setién que parece saber dónde se encuentra, cuando decía que a este kilómetro del camino se había llegado con fe y ambición, pero sobre todo con humildad, que en definitiva, es la verdadera esencia del Manquepierda.


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