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La vida buena

No ‘la buena vida’, un cambio de orden que implica mayor objetividad y diferenciación, una cualidad no conocida por todos

María Graciani m_graciani /
29 jul 2017 / 21:23 h - Actualizado: 29 jul 2017 / 22:04 h.

Fíjate bien, si hubiera dicho la buena vida enseguida te vendría a la mente la imagen de una vida regalá, en plan el anuncio del Eurojackpot: un casoplón, tú tirado en un hinchable en medio de una piscina infinity, joyas, viajes, lujos... (cada uno añade su sueño al gusto), mucho disfrutar sin el pequeño inconveniente de tener que trabajar, pero no, no me refiero a eso. Un mínimo cambio, un movimiento en la vida o en la palabra, hace que la puerta a un nuevo significado se abra... por eso en lugar de hablar de la buena vida, hablaremos de la vida buena (el poner el adjetivo detrás del sustantivo denota mayor objetividad y diferenciación, es decir, se refiere a una cualidad no conocida por todos; al contrario de lo que sucedía con la buena vida que todos nos podemos imaginar de qué va).

¿Qué es la vida buena? Se trata de la vida valiosa, feliz, la que verdaderamente nos llena y merece la pena. Y, ¿qué hay que hacer para construir la vida buena? El estudio de Desarrollo de Adultos de Harvard, con la friolera de 75 años de duración, nos da una contundente respuesta. El estudio comenzó en 1938, cuando se empezó a rastrear la vida de 724 hombres, haciéndoles preguntas, año tras año, sobre su trabajo, salud, vida en el hogar... se les extrajo sangre, se les hizo escáner cerebral, se habló con sus hijos y se les dividió en 2 grupos:

–El primer grupo empezó el Estudio cuando eran estudiantes de segundo año de Harvard.

–El 2º grupo eran chicos de los barrios más pobres de Boston.

Tras estos 75 años de estudio, los investigadores concluyen que el mensaje más claro que puede extraerse de la investigación es que las buenas relaciones nos hacen más felices y saludables, la vida buena se construye con buenas relaciones. Las personas con buenas relaciones demuestran ser las más felices, las más sanas, longevas y las que conservan mejores facultades mentales, ¿quieres disfrutar de beneficios a raudales y sentir cómo la vida buena espanta todos tus males? ¡Pues cultiva tus amistades! (No tanto la cantidad sino la calidad). La soledad impuesta (que no la deseada) es altamente tóxica: aumenta los niveles de estrés, acelera el envejecimiento, deteriora la salud, afecta negativamente al cerebro... En definitiva, la soledad es sinónimo de infelicidad.

Ya lo decía el 26º presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt: «El ingrediente más importante en la fórmula del éxito es saber llevarse bien con las personas» porque el éxito radica en ¡la vida buena! La que te entrena en empatía, compromiso, superación y confianza; la que tiene como lema: «¡aprende y avanza!»; la que te inyecta actitud en vena logrando que desaparezcan tus penas; la más amena, ¡desde el desayuno a la cena! porque cuando cuidas a las personas, desarrollas tu «TOMA» (TOque gico) y así te distinguirás de aquellos que viven sus vidas con el piloto automático, el tiempo te parecerá más elástico porque cuando cultivas las buenas relaciones, compartes y delegas, ¡tus aspiraciones se elevan! y en tu día empieza a haber cabida para todo lo que te llena de vida. Por cierto, la vida buena puede dar lugar a la buena vida, al revés es más complicado...

Queda claro que las buenas relaciones son el secreto de la vida buena, entonces ¿por dónde empezar? por cultivar la relación con quien siempre te va a acompañar: tu propia persona, ¡respétate y valórate que no eres de goma! Cuando hayas mejorado la relación contigo mismo, estarás en disposición de mejorar las relaciones con los demás. Tenemos que cultivar el nosotros para estar en disposición de vivir la vida buena; el Rabbi Lord Jonathan Sacks afirma que la forma más sencilla de cuidar el es fortalecer al nosotros en tres dimensiones: el nosotros de las relaciones, el nosotros de la identidad y el nosotros de la responsabilidad.

El nosotros de las relaciones

Crecemos más (en todos los aspectos) cuando nos rodeamos de personas que son diferentes a nosotros. Harvard ha demostrado que si nos rodeamos todo el tiempo de personas que son iguales a nosotros, tendemos a irnos a los extremos. Para buscar un equilibrio en las relaciones, para que haya un aporte significativo y un aprendizaje, ¡no mandes a hacer el equipaje a quien tiene opiniones, pensamientos, aficiones o sentimientos diferentes a los tuyos! eso sería ir por la vida en modo capullo.

El nosotros de la identidad

Nunca olvides quién eres, de dónde vienes y cuál es tu propósito porque sólo cuando te sientes seguro con tu propia identidad serás capaz de dar la bienvenida a lo diferente.

El nosotros de la responsabilidad

El paso de la política del yo a la política del nosotros te hace caer en la cuenta de que estamos interconectados (humanamente hablando) que dependemos unos de otros. Si cuando actúas piensas en los demás, ¡siempre vas a sumar!

¡Enhorabuena! ya estás preparado para empezar a vivir la vida buena.


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