jueves, 15 noviembre 2018
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Las faltas de ortografía y nuestra incultura

06 nov 2018 / 17:45 h - Actualizado: 07 nov 2018 / 08:25 h.

Ha pasado lo que parecía obligado. Y, ahora, nadie puede echarse las manos a la cabeza. La invasión de las faltas de ortografía es una realidad. Una vergüenza para todos. Nos lo hemos ganado a pulso. Esos letreros que anuncian en los programas de televisión lo que se va a ver en unos minutos o sirve de resumen de una noticia; algunos artículos periodísticos; documentos oficiales; exámenes realizados por personas que van a enseñar poco después si aprueban... Todo se llena de faltas de ortografía.

Es posible que Internet sea una de las razones por las que esto ha sucedido. Al principio, cuando la red comenzaba a funcionar, todo valía al escribir. Era una regla que los usuarios dieron por buena desde el principio. Si a eso le sumamos que en la red se pueden expresar todo tipo de sujetos -incluidos los que presumen de ser incultos-, el uso incorrecto del lenguaje se ha convertido en algo natural. ¿Desde cuándo una persona inculta ha podido presumir de serlo? ¿Cuándo dejó de ocultarse la incapacidad para hablar bien? ¿Y la imposibilidad de estudiar por falta de ganas o aptitudes? Hoy, ser más tonto que pichote es lo que se lleva. Con la excusa de ‘todos tenemos derecho a todo’ ser tonto ya no es malo.

Pero Internet no es la única razón por la que el lenguaje es vapuleado a diario y sin compasión. No leer es la gran causa. La lectura es algo así como el horror para miles de españoles. Volvemos a encontrarnos con el poder del mediocre, del inculto. Porque en ese grupo están muchos de los que mueven los hilos. Todo se ha abaratado, todo se pisotea en nombre de la libertad personal, todo se ha convertido en irrelevante, todo está sepultado por la ignorancia de una sociedad perdida e incapaz. Importa lo que vemos en la pantalla del televisor o en la de los teléfonos móviles. Esa es otra razón por lo que se hace más importante el desastre. Todo lo que quisiéramos saber y ser lo llevamos dentro del móvil. Eso es lo que dicen muchos. Pero lo que no se confiesa es que lo llevamos de paseo y que no nos interesa saber lo que es o para lo que sirve. Más tontos con cada versión del aparato o del sistema operativo. Tontos 4.0.

Escribir mal y que eso ya sea un problema entre los licenciados, graduados, diplomados, bachilleres o directivos de empresa (la lista es interminable y lo dejo ahí), que eso sea un problema transversal, es algo que dibuja lo que somos y, sobre todo, lo que llegaremos a ser en un futuro muy cercano. Mientras sigamos, por ejemplo, emperrados en afirmar que un libro es un aburrimiento, en que la filosofía o la lengua no sirven para nada ni aportan nada del otro mundo, no habrá posible solución para el mayor de los patrimonios del que podemos disfrutar las personas, del lenguaje. Mientras sea un ídolo la inculta que grita diciendo majaderías en la televisión será imposible que transitemos mejores sendas.

Una pena tremenda.


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