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Lesbofobia y salvajismo patriarcal

09 jun 2019 / 13:33 h - Actualizado: 09 jun 2019 / 14:03 h.
  • Miembros y simpatizantes de la comunidad LGTB acuden a la celebración del desfile del Orgullo LGTB, este jueves en Jerusalén (Israel). EFE/ Abir Sultan
    Miembros y simpatizantes de la comunidad LGTB acuden a la celebración del desfile del Orgullo LGTB, este jueves en Jerusalén (Israel). EFE/ Abir Sultan

El mes de junio, es el mes del ORGULLO sin duda. Una fecha multicolor marcada en nuestro calendario para celebrar la diversidad, la libertad sexual, la tolerancia y crear espacios de convivencia que nos hagan crecer, sin miedos, ni fobias que nos limiten. Parecía que todo eran buenas noticias en estos últimos meses; Chicago con una primera alcaldesa negra y lesbiana que desafiante, celebró la victoria besando a su esposa delante de una manada de fotógrafos. Taiwán convertido en el primer territorio asiático en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y así un sinfín de titulares, a cual más optimista. Por un momento llegué a pensar que este mundo todavía tenía solución. Pero la noticia del ataque a la pareja de chicas en un autobús en Londres y sobre todo la imagen de sus caras destrozadas y ensangrentadas, de nuevo me ha pellizcado el estómago. Cómo controlar la rabia, tras escucharlas en el video que ya circula por internet de ellas dos contando su propia experiencia tras el ataque y ver la tristeza en sus ojos mientras narran un episodio que tardarán en olvidar.

Las mujeres fueron atacadas y golpeadas varias veces antes de que los hombres salieran del autobús. Les robaron un teléfono y un bolso durante el ataque, según han confirmado las autoridades. Melania y Chris sufrieron lesbofobia patriarcal. Las ratas salieron pronto del autobús, pero antes hicieron alarde de su hombría y camaradería lanzándoles monedas, pidiendo que se besaran delante de ellos y describiendo posiciones sexuales.

Seguro que durante los numeroso actos que se celebran este mes con motivo del día internacional del Orgullo LGTBI, las calles se llenarán de hombres y mujeres que se unirán a la fiesta en un ejemplo más de progresismo barato que tanto gusta practicar. Sin embargo, pocas movilización veo, para exigir que esta panda vea caer todo el peso de la ley y el rechazo social implacable, a un comportamiento deplorable.

Londres, ciudad de mestizaje y multiculturalidad, no está haciendo bien los deberes. Un análisis en profundidad para determinar la causa que está provocando un incremento de los niveles de homofobia en el país, no les vendría nada mal. Un repaso al sistema de valores y educacional también sería aconsejable. Si este ataque se ha producido, es porque la sociedad no está educándose en valores solidarios, no sabe respetar la diversidad sexual, no entiende qué significa convivir en igualdad. El machismo lo inunda todo y si no ponemos freno a estas situaciones, el miedo será nuestro compañero de viaje. La prensa nacional recogía datos hace unas semanas que ponía los pelos de punta “Homofobia y lesbofobia crecen de manera espectacular en Francia: crecimiento de un 34,3 % de las «infracciones» genéricamente homófobas, crecimiento de un 42 % de las discriminaciones dirigidas específicamente contra las lesbianas, víctimas de una ascensión llamativa de la lesbofobia”.

Francia, Londres... pilares de una Europa cada vez más intolerante. No podemos tirar a la basura siglos de lucha y activismo y contaminarnos de una nueva ola xenófoba, propia de una patriarcado que ve su peligrar su hegemonía.

Represión y violencia hacia las mujeres y la diversidad sexual; así actúa el machismo para no perder ni medio centímetro de poder. En el patriarcado, la sexualidad está restringida al modelo hegemónico de heterosexualidad, donde el hombre controla, domina y reprende la libertad sexual de las mujeres. Los machistas no entienden la sexualidad femenina sino pasa por su control, represión, autoplacer y participación activa. Subyugada a los mandatos tradicionales de género tal y como indica su propio código de conducta; donde las mujeres se conciben como meros instrumentos para el placer masculino. Una sexualidad vista desde la autonomía fuera de ello, provoca ira y enfado. Por eso se hace uso de la violencia física y la humillación. Por eso lo que ha ocurrido en ese autobús no es un acto más de vandalismo. La lesbofobia es un indicador de hasta qué punto el androcentrismo impregna nuestra cotidianidad. En una sociedad fabricada por y para los hombres, la violencia se legitima siempre que hay posibilidad de inestabilidad, de cuestionamiento del orden establecido. Habrá hombres que pongan el grito en el cielo y se auto-definan como abanderados de la libertad sexual, mientras consumen porno lésbico y miran a otro lado cuando se producen actos como el de Londres. A eso nos referimos cuando hablamos de hipocresía. Abanderar luchas implica remangarse y dejar atrás todo lo aprendido. Implica salir de la zona de confort y hacer propia una causa que beneficia a la sociedad en su conjunto. Abrazar el feminismo puede ser un primer paso para dejar atrás ideas y valores caducos que solo perpetúan el miedo y se alimentan de la ignorancia.

El mundo invisibiliza a las mujeres lesbianas, eso es una realidad, nos guste más o menos. Dejemos de querer tapar el sol con un dedo y seamos valientes para hacer frente a la grandiosidad de nuestras propia capacidad de transformación.

Estos días que han transcurrido desde el ataque a estas dos mujeres en Londres, han servido para poner encima de la mesa muchas cuestiones a tratar por el feminismo. La autocrítica siempre necesaria, nos lleva a plantearnos que quizás como movimiento necesitamos mostrar un apoyo más incisivo y activo al movimiento LBTGI para no dejar nunca de sumar y visualizar todo lo que nos queda por conseguir. No se si estarán de acuerdo conmigo, pero las mujeres lesbianas necesitan más del feminismo y dejar de estar agarradas a él meramente como tabla de salvación. Crear contextos y espacios públicos donde puedan manifestarse y garantizarles un futuro libre de violencia. Lo personal es político y así entendemos desde el movimiento feminista nuestro ideario. Pero si algo hemos aprendido en estos últimos años de intenso activismo, es que no estamos aquí para proteger, sino para crear conciencia. Estamos aquí para construir una sociedad fuerte, libre de prejuicios... dejarla caminar sola es cuestión de tiempo.


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