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#NoApaguesLaTele

¿Ley y Estado son nuestros peores enemigos?

01 jul 2018 / 23:59 h - Actualizado: 02 jul 2018 / 09:00 h.
  • ¿Ley y Estado son nuestros peores enemigos?

Es posible acabar con un negocio a causa de un tecnicismo? ¿Es posible que, si se entrega una documentación en papel (la información exigida por una de las partes) y no se presenta un CD con esa misma documentación en formato digital, se pueda acabar con un proyecto multimedia como el que tiene en marcha el Grupo de Comunicación Morera y Vallejo? Pues, por lo visto, sí.

El Correo de Andalucía TV está en serio peligro de desaparición. Esa es la inquietante sensación que nos llega. Ya solo un juez puede decidir el futuro de muchos proyectos, de muchas personas, de muchas ilusiones que están a punto de desaparecer. Porque no hace falta ser muy astuto para intuir que sin televisión el proyecto en su conjunto no tiene sentido alguno. Estamos en la era de la imagen, en la era digital. Los periódicos en papel, salvo que alguien encuentre una fórmula mágica, no tienen ningún futuro tal y como los conocemos.

Lo primero que uno piensa en estos casos es en lo puntillosos y vigilantes que son algunos para según qué cosas y la facilidad con la que desaparecen millones de euros delante de las narices de las mismas personas sin que se den cuenta de nada. Es una cosa formidable. Porque, al final, las instituciones son las personas. Ya sé que las cosas se deben hacer bien y no hay excusa en ningún caso, pero sorprenden estas diferencias tan extravagantes. Es este un pensamiento, seguramente, tan injusto como derribar un proyecto por una cuestión formal que no lo modificaba en nada.

Me niego a pensar que el futuro de decenas de personas esté en peligro y que a los políticos esto les tenga sin cuidado. Me niego a pensar que un periódico centenario no le importa a nadie y que nadie moverá un dedo por intentar que cambien las tornas. Quiero pensar que los sevillanos alzarán a voz pidiendo que no desaparezca una televisión que tantas alegrías ha dado a los sevillanos (pienso en las personas mayores que han podido ver su Semana Santa o la Cabalgata de Reyes gracias a El Correo TV; pienso en todos aquellos que han podido contar sus problemas o enseñarnos los tesoros de sus barrios; pienso en las entrevistas que nos acercaron a personajes llenos de interés para contarnos qué es Sevilla, qué fue, cómo hemos llegado hasta aquí).

Pero sobre todo me cuesta entender estas cosas que suceden. No puedo evitar pensar en una novela de Franz Kafka, El proceso, en la que el personaje protagonista, Josef K., es acusado de un delito que nunca sabrá en qué consiste y eso le lleva a vivir una situación surrealista que le atrapa sin posibilidad de escapar. El relato se llena de jueces, de policías, de abogados, de documentos extensos e indescifrables... Y Josef K. se consume, se desespera, se siente indefenso, deja de entender la realidad. La novela de Kafka, que editaría su buen amigo Max Brod una vez muerto el autor, comienza de una forma brutal, violenta: «Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana». Seguramente Josef K. se sintió indefenso. Y esto es lo que podemos sentir muchos cuando nos enfrentamos a los procedimientos de la administración pública.

Espero que todo este embrollo sea explicado. Por los responsables de la Junta de Andalucía en primer lugar. Porque es su obligación, porque tenemos derecho a saber qué está sucediendo. No puede ser que algo tan serio como esto que afecta a un canal de televisión tan querido por los sevillanos, que tantas alegrías ha dado a tanta gente, que tanta labor social ha sabido realizar durante estos años de emisión, no sea explicado con todo lujo de detalles.

Y espero, deseo de todo corazón, que todo este embrollo tenga solución. Si existe voluntad política todo puede solucionarse. Dentro de lo que marca la ley, por supuesto.

No quisiera pensar que lo que se cuenta en la novela de Franz Kafka se acerca a lo que es la realidad que nos toca vivir; no quisiera tener que pensar que Ley y Estado se pueden convertir en el peor de los enemigos del ser humano que vive en sociedad. Porque eso es, entre otras cosas, lo que cuenta Kafka. Y resulta inquietante.


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