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Los circos del maltrato se encuentran en vías de extinción

Aunque aún persisten menos de una decena de circos tradicionales, el modelo con fieras sometidas, amaestradas y maltratadas está en sus últimos días. La asignatura pendiente

21 jul 2018 / 21:52 h - Actualizado: 22 jul 2018 / 14:47 h.
  • Asociaciones como Anima Naturalis se quejan de la vida que padecen estos animales, que se encuentran enclaustrados en jaulas que carecen de las mínimas condiciones de higiene y salubridad. / Efe
    Asociaciones como Anima Naturalis se quejan de la vida que padecen estos animales, que se encuentran enclaustrados en jaulas que carecen de las mínimas condiciones de higiene y salubridad. / Efe

En España resisten menos de una decena de circos tradicionales con animales y más de medio millar de municipios ya han prohibido en sus normativas este tipo de espectáculos. Sin embargo, este veto a aquellos eventos que consideran a los animales como un entretenimiento apenas se aplica en un 5 por ciento del conjunto de los municipios españoles.

Cataluña fue la comunidad autónoma que abrió la veda contra las carpas que contienen animales para sus espectáculos. Lo hizo hace tres años, en 2015, y durante estos años le siguieron el paso grandes capitales como Madrid y, en el caso de Andalucía, Córdoba y Málaga.

Sin embargo, hay normativa vigente que podría blindar a los animales obligados a vivir en circos. «Existe diversa legislación que puede aplicarse a los circos con animales en España como por ejemplo la referente a la conservación, a la sanidad animal, a la seguridad y al bienestar de los animales», apunta Alejandro Rosenberger Ortiz, miembro de la Sección de Derecho Animal del Colegio de Abogados de Alicante. En el blog Derechos de los animales se explica que, respecto a la sanidad animal, el Reglamento sobre el Movimiento de Animales de Circo establece los requisitos de salud animal para el cuidado de los animales, en su explotación, transporte, experimentación y sacrificio, y se define a los circos como explotación animal, por lo que estos establecimientos están sujetos a esa legislación.

También se apunta que la seguridad animal sobre tenencia de animales potencialmente peligrosos «no sólo se refiere a ciertas especies caninas, sino también a los animales salvajes». El hecho de que estos animales estén en cautividad «constituye un potencial peligro para la seguridad de personas, bienes y otros animales». La ley considera al respecto animales potencialmente peligrosos a todos los que, perteneciendo a la fauna salvaje, siendo utilizados como animales domésticos o de compañía, con independencia de su agresividad, pertenecen a especies o razas que tengan capacidad de causar la muerte o lesiones a las personas o a otros animales y daños a las cosas. Por eso, apunta Alejandro Rosenberger, «diversas legislaciones de espectáculos establecen que las administraciones deben exigir ciertas medidas de seguridad, como la presencia de una unidad médica durante la realización de estos espectáculos de riesgo».

Sin embargo, lo más preocupante de los circos con animales es lo que se refiere al bienestar animal. Según este abogado especializado en derecho de los animales, «el tratado de Ámsterdam de 1997 reconoce a los animales vertebrados como seres capaces de sentir dolor, sufrimiento y angustia». Explica a su vez que el Tratado de Lisboa de 2007 establece que «en la formulación y ejecución de sus políticas, la Unión Europea y los Estados miembros, tendrán plenamente en cuenta las exigencias del bienestar de los animales dado que son seres sintientes».

Según la asociación Anima Naturalis, «aunque los circos con animales se presenten coloridamente como espectáculos de entretenimiento, éstos no son divertidos para los animales cautivos en las carpas. Para los animales, los circos representan una pesadilla de la cual no van a despertar». Esta organización, que lucha junto a otras muchas en conseguir que los animales no sean utilizados en los circos, explica que «por sus propias características, estos espectáculos no pueden atender las necesidades naturales de los animales cautivos en sus instalaciones». Se refieren sobre todo a que, al ser espectáculos itinerantes, a lo largo de sus interminables giras, «no hay otro remedio que mantener a los animales encadenados o aprisionados dentro de diminutas jaulas, que sólo son abandonadas durante el entrenamiento o los escasos minutos que dura su número».

El transporte y confinamiento animal es sólo una parte de la pesadilla en la que están sumidos estos animales. «Durante horas de viaje, los animales deben soportar el hacinamiento sin luz y sin ventilación, el frío del invierno y el calor del verano, mientras se asfixian con el metano de sus propios excrementos a pesar de que se acostumbra a mantenerles sedientos para que orinen menos», afirman desde Anima Naturalis. Esta asociación recalca además que «están separados de sus congéneres, encerrados y amarrados, sometidos a privaciones y frustrados sus instintos naturales», por lo que suelen desarrollar conductas neuróticas como movimientos repetitivos e incesantes «que se pueden convertir en conductas inesperadamente agresivas», alertan.

Por otra parte, el adiestramiento al que son sometidos se basa, dicen desde Anima Naturalis, en «el castigo físico, que ha sido por mucho tiempo el método clásico de entrenamiento de los animales en los circos, lo cual a su vez trae consecuencias psicológicas de estrés y sufrimiento». Para esta organización contraria a los circos con animales, «los actos que los animales son obligados a realizar –osos que se balancean sobre pelotas, monos que manejan motocicletas, elefantes que se paran sobre dos piernas– son físicamente incómodos y representan conductas antinaturales. Los látigos, collares ajustados, bozales, picanas eléctricas, ganchos de metal puntiagudos y otras herramientas utilizadas durante los actos en los circos son el recordatorio de que los animales son forzados a actuar».

Especialmente preocupante es el efecto que puede tener este tipo de espectáculos ante los niños y las niñas, que son el público potencial de los circos. «El público ha llegado a reconocer que los animales exóticos no pertenecen a los circos ni a las jaulas, sino que pertenecen a sus tierras natales junto a sus familias», aseveran desde Anima Naturalis.

Países como Austria, Bélgica, Finlandia, Dinamarca, Portugal, Suecia, México, Perú o Singapur han aprobado leyes nacionales para vetarlos. En España todavía no hay una ley que prohíba que los circos tengan animales. Actualmente, existen circos como el Cirque du Soleil, El Circo de Oz, El Circo New Pickle Family, Cirque D’Hiver, el Circo Ekún y el Circo Imperial Chino, que no utilizan animales como parte de su espectáculo.

En Chile, el proyecto El Circo del Mundo no utiliza animales y, al mismo tiempo, ayuda a niños y jóvenes en riesgo social, utilizando el arte circense como herramienta educativa y de intervención social, demostrando que el circo no tiene que tener fieras que encadenen y maltraten a los animales a los que someten.

Los ecologistas se quejan de un espectáculo con pingüinos en Estepona

«Ante la llegada a nuestra localidad de un circo que utiliza a animales procedentes de zonas muy lejanas y frías, Ecologistas en Acción-Sierra Bermeja quiere mostrar su deseo de que Estepona sea un municipio libre de espectáculos y de circos con animales». Así comienza la declaración que ha hecho pública la organización ecologista local, que quiere impedir que durante el verano este espectáculo con animales recale en esta localidad costera.

«Entendemos que los circos pretendan sustentarse en la necesidad de generar espectáculo para que la gente se maraville y asombre, pero no debe ser a costa del maltrato animal», explican. Recuerdan que «en Estepona conseguimos que jamás volviera a nuestra feria la atracción de ponis, por lo que nos parece contradictorio que el Ayuntamiento permita en la localidad un circo con pingüinos y leones marinos durante la última semana de este mes de julio. Esto nos resulta totalmente inviable».

En su comunicado, Ecologistas en Acción Sierra Bermeja-Estepona pide a la ciudadanía y a las instituciones que hagan una reflexión: «¿En qué condiciones viven estos animales? ¿Cómo se transportan? ¿En qué se parece la vida de estos animales a la que tendrían en su hábitat natural?». Por último, los ecologistas recuerdan que existe una legislación expresa en la que se protege a nuestra fauna autóctona y a las especies exóticas que no se respeta en este caso.


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