domingo, 17 diciembre 2017
11:21
, última actualización

Los días de Santa Ana

17 jul 2017 / 21:11 h - Actualizado: 17 jul 2017 / 21:11 h.

Entramos en las vísperas de días que fueron grandes, los de Santiago y Santa Ana, aunque ahora ya no sean más que el resto de algo que tan sólo vive en la oquedad del mito. Los tiempos pasados no fueron casi nunca mejores pero, casi siempre, fueron distintos. De la Triana marinera en cuya ribera atracaban lo mismo el galeón de Manila que las barcas camaroneras ya no queda nada y, por eso, quienes intentan caminar cada tarde por la resbaladiza cucaña nada saben que aquello, en un principio, no era otra cosa que un ejercicio para demostrar que se podía hacer lo mismo yendo por el bauprés de un velero. Tampoco hay ya cucharas que recorran los muelles de madera en busca de sábalos, sabogas o albures ni tascas donde se cocinen y se ha perdido la memoria del Barrio Alcayata, el verdadero nexo entre Triana y su gitanería de herreros que cantaban soleás y martinetes, simplemente, porque eso –cantar– es lo que se hacía en todos los oficios artesanos mientras se perfilaba la obra.

La Velá de la Señá Santa Ana sigue resumiendo la Historia pero como siempre la resumieron las gentes que la protagonizaban sin enterarse de ello. Lo hace por medio de algunos ceremoniales perdurables y de un sentimiento tan hondo como difuso trasmitido quien sabe cómo a la siguiente generación. Por eso irrumpen en esos días que fueron grandes y de duquelas cuestiones banales que los frivolizan y los despojan de la cultura con la que el tiempo los fue dorando. Los días de Santiago y Santa Ana llegan un año más pero despojados de Historia.


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