miércoles, 24 abril 2019
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Los hechos, los datos y la adulteración de la democracia

14 abr 2019 / 08:29 h - Actualizado: 13 abr 2019 / 15:31 h.
  • Los hechos, los datos y la adulteración de la democracia

España incrementa notablemente su producción de campañas electorales. Estamos en las terceras elecciones generales en solo cuatro años. Es a lo que más nos estamos dedicando políticamente durante los años de crecimiento económico. Notable incremento en la producción de encuestas, argumentarios, videos, candidaturas, lemas, acusaciones, desacuerdos. Se han italianizado los partidos para cronificar la inestabilidad de la nación como una forma de vivir de la política, se esté o no en los gobiernos. No se atrevían a tanto durante el durísimo periodo de recesión y empobrecimiento de amplios sectores de la población. Virarán sus estrategias cuando acontezca la próxima crisis. Y no querrán reconocer que se afanaron en perder el tiempo para no afrontar los verdaderos problemas de enjundia. Los que les competen como representantes de la ciudadanía, que les vota y les paga para solucionar.

Están recalentando el clima cívico con el aumento de emisiones tóxicas. De las que son cómplices algunos medios de comunicación que convierten sus boletines informativos, radiofónicos o televisivos, en una ración de noticias donde lo que importa es incluir en cada párrafo un latiguillo descalificante o complaciente. Empeora la esperanza de vida de nuestra salud democrática por la disminución del aporte de oxígeno en este ambiente irreflexivo, al transgredirse un principio básico de la fotosíntesis periodística: el comunicador no puede contar los hechos, ni siquiera cuando son declaraciones, integrando en su propia voz las adjetivaciones acuñadas por los políticos como si fueran la natural descripción del hecho.

Retornemos al sujeto-verbo-predicado. A saber-pensar-opinar. A centrarnos en los grandes problemas e ineficiencias de nuestro modelo de sociedad: desempleo, desequilibrio territorial, demografía, pensiones, educación y formación, ciencia e innovación,... Cada cual aportando sus soluciones. Los simpatizantes de cada partido son los primeros que han de exigir: no nos pidáis que os votemos como reflejo de estar en contra de otros. Para eso no os hemos elegido. Para eso ya nos bastamos y sobramos.

Por ejemplo, cómo cambiar nuestra inercia socioeconómica para que España no siga siendo, en términos absolutos, el país europeo con más jóvenes en paro.

Hechos y datos: El promedio de desempleo en los 19 países que comparten el euro como moneda es, con datos oficiales de la Comisión Europea en marzo de 2019, de un 7,8% de la población activa. En España es casi el doble, un 14,1%. Solo nos supera Grecia (18,5%).

De los jóvenes españoles entre 18 y 25 años que no han emigrado al extranjero, el 32,4% de los que viven en España están en el paro. El promedio de desempleo en esa franja de edad en los 19 países con euro es del 16,1%. Ese promedio baja mucho si se contabiliza dejando fuera a Grecia, España e Italia, los únicos que tienen a más de un 30% sin trabajar. Porque tanto en la Europa Occidental como en la Oriental, ya sean holandeses, checos, daneses, polacos o croatas, lo que predomina es ser una sociedad que no tiene en paro a más de un 10% de sus veinteañeros.

¿Alguna solución? ¿O le decimos a la juventud española que el encanto de España se basa en tener muchas menos oportunidades de empleo en comparación con los jóvenes del resto de Europa?


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