sábado, 17 agosto 2019
11:47
, última actualización
La Tostá

Los ‘jartibles’ de la cantelogía

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
16 jul 2019 / 08:32 h - Actualizado: 16 jul 2019 / 08:45 h.
  • Imagen de archivo La Reunión de Cante Jondo. / El Correo
    Imagen de archivo La Reunión de Cante Jondo. / El Correo

Hace unos días, el viernes, me ocupaba en este mismo espacio de La Reunión de Cante Jondo, el festival flamenco de La Puebla de Cazalla, pero no pude ir como he hecho años y años. Menos mal, porque acabó a las seis y pico de la mañana y me cuentan los amigos que sí fueron, que aquello era insufrible, por muy bien que cantaran, bailaran o tocaran la guitarra los componentes del cartel. Siete y ocho horas de festival flamenco son demasiadas si no cantan ya la Niña de los Peines, Pepe Marchena, Manolo Caracol, Morente o Menese. Recuerdo que al único cantaor que le aguantaban cuarenta minutos por soleares, y en el festival de su pueblo, era a Antonio Mairena y porque ya le habían dado la Llave del Cante en Córdoba, en 1962. De más joven lo corrieron a gorrazos en Villanueva del Ariscal, con El Chocolate, por querer cantar unos martinetes gitanos a las tres de la mañana mano a mano con su tocayo. El problema es que ya no hay artistas de esa envergadura y no parece buena idea tener a los aficionados siete horas en una silla de plástico escuchando a intérpretes de un nivel bajito. Soy un gran defensor de los festivales de verano de corte tradicional, al aire libre y con chiringuito, aunque lejos del escenario. Pero lo de la duración se lo deben de hacer mirar porque ya no se lleva eso. Cuando llegó la Bienal de Flamenco de Sevilla cambiaron muchas cosas y una de ellas fue el estilo en la producción de espectáculos. Dos horas de recital, concierto o como lo quieran llamar, lo que dura una buena película, son más que suficientes para satisfacer a los aficionados. Salvo a los que se apuntan a los festivales como los que van a una romería, que a esos no les importa que la cantelogía dure hasta que salga el sol. Son los que menos escuchan porque se suelen poner ciegos en el chiringuito o con nevera propia. Es perfectamente compatible organizar un festival de no más de tres horas con vivir ese ambiente festivo bajo las estrellas. Hay que pensar también en el artista, que suele llegar a las diez de la noche para salir a veces al escenario a las cinco de la mañana posiblemente medio dormido o agotado porque viene de hacer doblete. No creo que sea muy difícil hacer un buen festival acorde con los nuevos tiempos. No tan largos, por favor.


  • 1