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Alguien tenía que decirlo

Los mundos de Yupi

10 jul 2018 / 08:04 h - Actualizado: 10 jul 2018 / 20:17 h.

Entiendo a quienes ayer se sorprendieran por las acusaciones entre José Castro y Luis Rubiales a cuenta del esperpento de la Supercopa de España, pero no a los que se llevaran las manos a la cabeza por las cosas que se dijeron. La inocencia se pierde al poco de pasar de la niñez a la juventud y en el fútbol (el español sobre todo) hace tiempo que dejamos de ser niños. Quien se crea a cualquiera de las dos partes al cien por cien forma parte de ese grupo de ciudadanos que quiere escuchar lo que desea escuchar y no lo que debe escuchar. Yo no sé lo que se escribieron Castro y Rubiales a través de sus teléfonos, lo que sí sé es que cada uno defiende sus intereses, con mayor o menos elegancia, con mayor o menor capacidad oratoria y con mayor o menor miedo a lo que tienen detrás. Uno, a una afición que, pese a que sepa que a un partido tiene más opciones de ganarle al Barça, está harto de ninguneos y prefiere morir de pie. Otro, un cargo recién estrenado y a todo un mastodonte que no da su brazo a torcer, apoyado por LaLiga y acostumbrado a hacer lo que le place.

Sin necesidad de justificar nada, pues extensos son mis textos denunciando la ignorancia al hincha en el fútbol, me creo que el presidente del Sevilla buscara lo mejor para los intereses del club aunque no dijera la verdad a su afición (grave pero común en esto). El bien de la entidad no siempre van en consonancia con el clamor popular. Y creo que cualquier dirigente habría hecho lo mismo: intentar forzar la situación para que la RFEF se mojara y obligara al Barcelona a amoldarse al calendario oficial, aun sabiendo que no lo haría por ser el club que es y que la solución de jugar a un solo partido era más beneficiosa en lo deportivo para el propio Sevilla. Todo le saldría a pedir de boca: jugar a un único envite, que siempre es mejor que medirse al Barcelona a doble partido, percibir una indemnización con la que después compensar a la hinchada, e incluso aligerar su apretado calendario; todo ello mostrando su orgullo por clamar ante todos por un imposible en España, que todos los clubes sean tratados por igual. Los mundos de Yupi... Pero se pasó. El Sevilla, su presidente, no calculó bien la fuerza de su comunicado final ni el contendiente que tenía en frente, que lo podía dejar una vez más con el culo al aire.

Ese no era otro que Luis Rubiales. Esgrimió valores innegociables a la hora de echar a Lopetegui a dos días del Mundial y se lleva la Supercopa a Tánger sin contar con lo más sagrado que debe haber en el fútbol: la afición. Entiendo que no es fácil lidiar con los dos gigantes acostumbrados a campar a sus anchas en el fútbol español, pero permítanme la duda: no veo yo a Rubiales obligando al Barça a renunciar al amistoso en EEUU (no se olviden, ahí estaba el lío) como dice que había conseguido. Rubiales procede de la AFE, la asociación de futbolistas, con una política agresiva contra la RFEF y LaLiga en defensa de sus intereses. Y en 2018, de repente, la Supercopa de España se convierte en un problema por el descanso de los jugadores tras el Mundial y otros compromisos. Oportunísima advertencia de la AFE al acorralado Rubiales, salvado del lío por la campana de su antigua casa. Ya tenía excusa oficial para no tocar los cataplines al Barça. Aunque luego la AFE, en un comunicado, se desmarcara de tal advertencia, dejando aún peor al presidente de la RFEF.

No se trata de defender a Castro, ni mucho menos. El Sevilla no se merece ser el hazmerreír cada cierto tiempo, paren esta vorágine. Ni tampoco ponerse del lado de Rubiales. No se crean a ninguno, no vivan en los mundos de Yupi. El presidente del Sevilla sale a lío gordo por semestre. De todos los colores. Sin capacidad dialéctica ni de liderazgo como para defenderse con brío en un mano a mano. Rakitic, Vitolo, Monchi, Tebas, etc son protagonistas de un extenso currículum de salpicones que lleva en la camisa. Y Rubiales sale a terremoto por mes, con el agravante de esta vez haber perdido incluso las formas, dejando caer que el presidente del Sevilla se podía quedar con el dinero de la indemnización en lugar de compensar a los aficionados.

Si Castro no está siendo nada lúcido en los asuntos importantes, Rubiales está demostrando ser mucho más torpe hasta que Javier Tebas, uno de los dirigentes más odiados por los hinchas de casi todos los equipos. Ni a él ni a Villar le hubiera importado el comunicado del Sevilla, se habrían callado o habrían contestado de forma más tenue, más inteligente (ya lo demostró el presidente de LaLiga en varias ocasiones). Que cualquier presidente de club (incluido Del Nido, no rehuyan a la inevitable comparación) habría hecho lo mismo que Castro en esas gestiones privadas que advierte Rubiales, es también obvio. Como lo es que un dirigente con mayor capacidad oratoria le habría mantenido, como mínimo, el pulso dialéctico ante toda España a Rubiales. O incluso no habría llegado a tanto, calculando mejor ese movimiento final en forma de comunicado si bajo cuerda hizo algo distinto a lo público. No se expondría a quedar retratado. Simplemente dándose cuenta de que Rubiales es un elefante en una cacharrería cuando cree que está en juego su reputación de salvador del fútbol. Ni convenios, ni negativa a jugar a un partido, ni promesa de suspender el amistoso en EEUU, ni Tánger ni la Conchinchina. Ni por supuesto, el hincha.


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