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Me sobran los motivos

03 mar 2019 / 09:58 h - Actualizado: 03 mar 2019 / 10:04 h.
  • Me sobran los motivos

Este viernes, el movimiento feminista tiene una cita con la revolución. El activismo del que tanta veces hablamos, se va a ver plasmado en una marea de mujeres y hombres que este 8 de marzo teñirá de morado las calles de todo el país.

Imposible no sentir esa presión en el estomago, emoción y nervios a partes iguales, porque esta huelga convocada para el próximo viernes, más que necesaria se hace imprescindible, para darle la vuelta a un sistema envejecido, empobrecido... que nos limita como seres humanos. La Comisión 8M y el comité organizador de esta huelga laboral, de cuidados, estudiantil y de consumo, lleva meses planeando un calendario de movilizaciones con cientos de motivos que reivindicar. A ella, se han sumado decenas de grupos que han trabajado codo a codo con el movimiento feminista para que esta cita con la libertad, sea todo un éxito.

Especialmente los números no me preocupan, estoy convencida de que el 8 de marzo, el mundo se va a paralizar. Se han preparado acciones para ir marcando ese camino hacia la huelga. Un ejemplo de ello, la campaña en redes sociales #1000Motivos para que las mujeres pueden darle voz a los suyos. A mi especialmente se me ocurren más de mil, por eso no puedo elegir quedarme en casa disfrutando de mis privilegios de mujer blanca europea con formación y recursos. No entiendo el feminismo desde la pasividad de quién lo teoriza todo, pero no se pringa. No entiendo el feminismo desde el “yo”, porque esto es un “nuestro” compañeras. Ser mujer en el mundo, da igual en que rincón respiremos, implica riesgo. El feminismo es plural, como la propia esencia femenina, por eso aunque disfrutemos de una serie de “privilegios” o “avances”, por el contexto en el que nos encontremos, el 8 de marzo tenemos que estar todas en la calle. Por las que no pueden salir. Por las que silencian a base de balazos de violencia. Por la que amordazan para que dejen de incomodar, por las que no dejan de trabajar para que el 1% de la población que acumula la riqueza, sigan nadando en dinero. Por las víctimas de un capitalismo salvaje que las explota como mano de obra barata. Por las que cuidan de free y sin cotizar, para que el Estado siga ahorrando la plata que después emplea en propaganda fina. Por las más de mil mujeres asesinadas por culpa del machismo en nuestro país desde el 2003. Por todas aquellas mujeres prostituidas, que catapultan a España en el primer puesto de países europeos que más sexo de pago consume. Por todas las que cobran menos que sus compañeros. Por todas las que borraron de los libros de historia. Por todas las que antes que nosotras ya lucharon por nuestros derechos más básicos. Por todas las mujeres.

Ni una sola en el mundo está libre de machismo y de violencia. Y por eso, esta huelga es necesaria. Si dejamos de trabajar, de cuidar y de consumir, la rueda que el patriarcado lleva moviendo siglos, se para de golpe. Estamos en un momento político, cultural, social y económico que pide a gritos cambios. Cambios que se ajusten a un nuevo modelo que la sociedad anhela materializar. Un modelo justo, en el que las mujeres no tengamos que pedir permiso. No queremos “que nos toleren”. Queremos participar al 50% en la toma de decisiones, queremos estar presentes y visibles en todas las esferas de poder. Queremos que nuestras voces se respete y valoren, queremos libertad, queremos vivir sin miedo, queremos... todo aquello que se os da a los hombres sin cuestionamiento.

Mientras que haya políticos que hablen de los maltratadores como “personas que no se portan bien con las mujeres”, mientras se siga premiando en competiciones deportivas a las mujeres con teléfonos y bikinis, mientras que tengamos que salir a trabajar sabiendo que a partir de noviembre vamos en calidad de cooperante y así un no parar, la huelga es necesaria.

Por eso me sobran los motivos a mi que soy mujer y a ti lector. Porque ser hombre en esta sociedad tampoco te deja en buen lugar. Escapar de todos estos privilegios dados de cuna, puede ser más liberador de lo que parece. Ser consciente de que la estructura en la que sustentamos nuestras creencias y valores, nos empobrecen como seres humanos, es parte de la fuerza que necesitas para salir el 8 de marzo a la huelga. Nuestros aliados son muchos, pero os queremos a todos. Dando ejemplo a otros hombres que vivir la masculinidad, no implica claudicar con un sistema que oprime a la otra mitad.

Como dice Chimamanda Ngozi “La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiarla”

Un reflexión que nos debería llevar a plantearnos qué clase de cultura estamos legitimando. La cuenta atrás ya ha empezado, el viernes la calle es nuestra.


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