domingo, 23 septiembre 2018
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El paraíso en mi mochila

Melbourne, una pizca de Europa en Australia

La capital del estado de Victoria se caracteriza por su estética occidental y una influencia europea marcada por la colonización británica

23 ago 2018 / 16:18 h - Actualizado: 23 ago 2018 / 16:30 h.
  • Melbourne, una pizca de Europa en Australia

Melbourne, la ciudad más meridional del país, es una urbe con estilo, repleta de restaurantes, bares de copas, terrazas al aire libre, exhibiciones de arte, música en directo y una gran variedad de ofertas de ocio. La capital del estado de Victoria se caracteriza por su estética occidental, y aunque sus dimensiones recuerdan a las grandes ciudades americanas por sus amplias avenidas y enormes parques, tiene gran influencia europea marcada por la colonización británica.

Llegué a esta ciudad después de haber pasado veintiún días en Indonesia y el choque fue brutal. En pocas horas pasé de un país tropical en vías de desarrollo al invierno de una ciudad de lo más avanzada. No puedo negar que el primer día fue duro. Mi adaptación a Bali fue tal que en este corto espacio de tiempo parecía haber olvidado que en el mundo desarrollado las ciudades están asfaltadas, las mujeres usan tacón y chaqueta casi a diario, la gente va en transporte público sin más interacción que la que tienen con el móvil y, sobre todo, que time is money. Atrás quedaron esas muestras de atención gratuitas por parte de los anfitriones de los albergues, esas sonrisas de luz de transeúntes desconocidos, y andar de cualquier manera incluidas mis apreciadas chanclas. Pero después de veinticuatro horas de cierto agobio, cambié el chip y me entregué a descubrir esta ciudad que desde hace tiempo soñaba con conocer. Y en poco tiempo le tomé el pulso.

Me hice una ruta muy recomendable que incluye lo más importante para ver y las actividades más excitantes, que es una buena opción para quien solo dispone de unos días. Empecé haciendo uno de los tours gratuitos de Greeter Service ideal para introducirte en la ciudad y en su historia. Continué haciendo un recorrido a pie por las céntricas calles llenas de murales y graffitis. De la inspiradora Hosier Lane a la psicodélica Rutledge Lane, pasando por las famosas AC/DC Lane y Duckboard, donde uno puede aprovechar para tomarse fantásticas fotos.

Es imprescindible pasar por Elizabeth Street. Después de admirar la arquitectura y las tiendas de sus pintorescas galerías comerciales, como Block Arcade o de recorrer callejones como la peatonal de Degraves Street, me adentré en Chinatown, a lo largo de Little Bourke Street y pude saborear la exquisita oferta de comida asiática que ofrecen sus bares y restaurantes. A diez minutos caminando se encuentra la State Library Victoria cuyo acceso es gratuito. Si estás visitando Melbourne y deseas conocer un poco más de su historia, costumbres y cultura este es un espacio digno de conocerse.

Otro de los días fui a mirar los cuadros de la Galería Nacional de Victoria. Y aunque no es de los museos de arte que más me han impactado, me parecieron de mucho interés algunas pinturas sobre los aborígenes.

Más tarde me dirigí hacia el Jardín Botánico donde disfruté con una amiga francesa de un magnifico picnic mientras esperábamos con ansias la Caminata Histórica Aborigen que tiene lugar por estos jardines varios días a la semana. Se trata de un punto de encuentro para muchos y un modo de conocer la cultura local para los visitantes, una forma en la que los aborígenes australianos nos muestran su país desde sus ojos.

Y no podía irme de Melbourne sin dar un paseo por el barrio más chic de la ciudad, Fitzroy. Así que al día siguiente, a pesar de que estaba lloviznando, decidí recorrer Brunswick Street, su arteria principal, donde visité sus originales sastrerías, sombrererías y tiendas de decoración. Desde allí recomiendo cruzar al vecino barrio de Collingwood para dejarte sorprender por sus naves industriales reconvertidas en restaurantes étnicos, bares que no son lo que parecen o modernas oficinas.

Luego tomé el tranvía para dirigirme a las afueras de la ciudad para llegar a la playa de Brighton y tomarme la típica foto en las casetas de baño de colores. Recorrí los ochos kilómetros que la separan de la playa de St. Kilda. Quería llegar a su muelle a última hora de la tarde para apreciar su famoso atardecer y ver a los pingüinos azules. A esa hora precisamente es cuando salen esos diminutos pingüinos a saludar a los turistas. Ese paseo es otro must, si vas a esta excitante ciudad, ya que el cielo en Australia es diferente, impresiona su encuentro con el mar, y a medida que avanzas a lo largo de la costa va cambiando de colores y las nubes van haciendo unos dibujos que te permiten disfrutar de unas vistas preciosas.

El último día un antiguo amigo local me llevó a ver un partido de fútbol australiano en Melbourne Cricket Ground. Y quedé encantada con el ambiente que se vive en sus canchas y el fervor que los australianos tienen por este deporte en general y por sus equipos en particular. Cada vez que se celebra un partido toda la ciudad adquiere un carácter festivo comparable con el más animado de nuestros carnavales. Es una experiencia australiana única.

En resumen, Melbourne es viva, cosmopolita y nunca defrauda. Por algo la llaman la ciudad de los mil planes.


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