lunes, 17 junio 2019
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Memoria y cultura del toreo

13 feb 2019 / 13:10 h - Actualizado: 13 feb 2019 / 13:12 h.

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El centenario de la alternativa de Chicuelo es una magnífica excusa para refrescar su figura, que brilla con luz propia en el retrato de la época apasionante que le tocó vivier. El genial diestro de la Alameda de Hércules pertenece a un periodo artístico e histórico que merece ser reivindicado. Hablamos de la Edad de Plata, esa efervescencia cultural y artística que refresca a España en general y Sevilla en particular en el primer cuarto del siglo XX. El toreo no fue ajeno a esa marea y se movió con desacomplejada vigencia entre la literatura, la música, la escena y hasta la arquitectura del momento. Se puede hablar de Lorca, Turina, Aníbal González, Juan Manuel Rodríguez Ojeda y hasta de toreros como Chicuelo. La Tauromaquia, en definitiva, fue un brazo más de ese regionalismo que, entre otras manifestaciones de cultura popular, redefinió las bases estéticas de la Semana Santa de Sevilla mirándose en el mejor pasado estético de la ciudad.

Ese impresionante movimiento creativo, paralelo a la irrupción de las vanguardias, no pasó de largo en el mundo de los toros, que renueva su lenguaje expresivo a través de los hallazgos técnicos de varios matadores. Las bases de esa revolución las puso Gallito; también Belmonte. Pero el nuevo toreo se materializa en las manos de otros diestros como Chicuelo, que dota a la faena de su moderna estructura musical hasta convertirla en vehículo de expresión artística. Manuel Jiménez ‘Chicuelo’, en definitiva, es otro actor de esa Edad de Plata que hay que estudiar vinculando todas las actividades artísticas que no se pueden entender en plenitud por separado. El impulso era el mismo y aún está todo por hilar.


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