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Monika Buch (I): obras de los 70 en la galería Rafael Ortiz

18 feb 2019 / 10:21 h - Actualizado: 18 feb 2019 / 10:21 h.
  • Monika Buch (I): obras de los 70 en la galería Rafael Ortiz

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De auténtico lujo puede calificarse el que una galería privada como es la de Rafael Ortiz, haya traído a Sevilla una selección de las obras hechas en la década de los 70 del siglo pasado, de una de las autoras vivas más reconocidas internacionalmente, como es Monika Buch.

Que alguien se ocupe de un artista, que es mujer, tiene 82 años y -además como dije- el que sea reconocida internacionalmente, son cualidades que no suelen ser frecuentes en el panorama de las artes plásticas actuales, máxime pudiendo considerar que nació en Valencia en 1936, y que si quiera por esta parte bien pudiera haber contribuido para ahondar en su conocimiento entre nosotros. Digo esto a pesar de que no creo en el nativismo, considerando que desde que tenía veinte años reside fuera y que adscribir el arte de un autor o autora a su lugar de origen es algo que puede que tenga que ver, o no, con esa identificación con lo que se entiende como autóctono.

En su caso y movida en principio por su decantación hacia las artes si quiera desde perspectivas no tradicionales hasta entonces (como después veremos), habría que considerar la enorme y, ahora sí, definitiva trascendencia que tuvo primero el que se marchara a Alemania donde inicia sus estudios artísticos, y después a Holanda a partir de su matrimonio con el arquitecto Bertus Mulder, para continuar profundizando en esos “otros” aspectos del arte como son los de la visión racionalizada, el psiquismo de la percepción y la abstracción geométrica a partir de formas puras y la importancia que estas tienen en cuanto a su lugar en el espacio de la obra, esto es, nada que tenga que ver con la emoción, ni con otras interpretaciones iconográficas, iconológicas, simbolistas, funcionales, de carácter psicoanalítico,...

El hecho de optar por su formación en lugares más afines a su ideario artístico que lo que era la España de mitad de los 50, no es óbice para que tenga a nuestro país como una de sus referencias por todo lo que ha podido significar en el transcurso de su vida, y sobre todo para el desarrollo de su obra, teniendo en cuenta la influencia que pudieron ejercer en ella los dibujos de lacerías islámicas y mudéjares en lo que estas tienen de serificación combinatoria de líneas planas y polígonos regulares, cuerpos de índole geométrico que de una manera no obstante radicalmente distinta, van a definir la totalidad de su obra plástica.

Obra que será plástica en atención a los resultados que consigue, y sobre todo, en relación a la elección que ella hace de las formas -no figurativas o que no tienen en la figura (humana, animal o vegetal) su fuente de creación- pero que también la distancian por completo del diseño (gráfico) así como del ámbito de la publicidad, dicho todo esto sin que deje de mantener con ellos numerosas concomitancias de naturaleza sígnica, emblemática o inclusive de identidad corporativa.

Un arte que en consecuencia puede ser ciertamente diseño, pero no “disegno”, en el sentido que se nos vino transmitiendo desde el Renacimiento hasta los comienzos y la primera mitad del XX, cuando se abren precisamente en Alemania los dos grandes centros matrices (como enseguida veremos de la Bauhaus y la HfG) al fomentar la independencia de los objetos con respecto a una producción manufacturera, para constituirse en entidades autónomas, dibujables y fabricables ya sea industrial (o incluso artesanalmente), o lo que es lo mismo, representarlos teniendo en cuenta además de su uso, estilo, etc., los otros valores que tiene el arte en cuanto a funcionalidad, ergonomía, estética y comunicación afecta, sin considerar la dicción de la prospectiva clásica ahora.

Por todo esto, puede decirse que sus obras se mueven en las dos direcciones de arte y diseño (en este caso gráfico, matemático, geométrico y dibujístico en general) sin que para nada tenga la intención de traspasarlo a lo constructivo, entre otras cosas porque y como ella misma los califica, son figuras imposibles que tienen su punto de partida y su final en el mismo soporte donde las ha ido trazando como un tejido, una colmena, los ojos compuestos de los insectos, una espiral que se desarrolla al infinito.

De padres alemanes llegados aquí ante el ascenso del nazismo, pasó su infancia y adolescencia entre ambos países, ya que tuvo que desplazarse con su familia para evitar la Guerra Civil primero y la II Guerra Mundial después. Por eso, integrarla aquí o allí sería un reduccionismo absurdo, porque ella entiende el arte aparentemente -y ya veremos por qué no es así - de una manera libre, quiero decir, al margen de los movimientos coetáneos que se han sucedido desde hace hace 37 años: los mismos que han pasado desde 1972, en que se decanta definitivamente por el arte, dejando atrás pero asumiendo, todo lo que fue aprendiendo en el camino.

En realidad lo que hace Monika Buch entre otras muchas cosas y al tener su propia voz en el arte, es insistir en la variabilidad y la alternancia que pueden partir de una o de varias formas; estudiar las posibilidades de la imagen a partir de la “aparente” dinámica, cinética o cinemática cuando en realidad son estáticas y están representadas sobre una superficie que además es plana aunque parezca cóncava o convexa; las investigaciones en las escalas cromáticas; en los campos y ritmos que delimita, en la invención de un módulo que versionará en rectángulos, triángulos, rombos y cuadrados, y en sus diagonales, triangulaciones, cubos y poliedros; en las graduaciones de tamaño que simulan la profundidad o el derrame; en los ejercicios de análisis y síntesis,... por todo lo cual, puede parecernos tan fascinantes y sorprendentes sus ilusiones ópticas.

También lo que nos está diciendo con todo esto, es que permanece fiel a unos principios que justo ahora cumplen un siglo de vida, como fue la Bauhaus de Weimar (activa de 191 a1933), y sobre todo lo que ha podido significar -y significa- ella, es prolongar como su legítima heredera, la que fuera también la extraordinaria Hoschule für Gestaltung (HfG en sus siglas) , en el que por voluntad propia decidió incluirse junto a todos los discípulos de los grandes maestros que fueron extendiendo esta doctrina, estética, ingeniería, mecánica, ciencia, credo, arte o diseño, por el mundo, como pueden serlo: U.S.A., Israel, Argentina o como ella hace desde Holanda, aunque ya digo que el lugar no importa porque lo que le interesa es evolucionar esos conceptos, originando nuevas formas a las ya de por sí intricadas que juegan con la vista aunando las connotaciones perceptivas y psíquicas de esta y alejadas por tanto de otras interpretaciones que no tengan su origen en los aspectos de la Gestalt.

Es desde aquí, desde esta postura gestáltica fisiológica, sensorial y psíquica, donde si acaso podemos hacer un intento de acercarnos a ella, a su filosofía, a su mundo, a su pensamiento, a sus obras, para sorprendernos ante las elaboradísimas redes de estructuras reticulares que establece, las divisiones fragmentarias y las leyes combinatorias de la unidimensionalidad. El fingimiento de las 2 y 3 dimensiones espaciales, en definitiva. En eso consiste el arte: en una maravillosa trampa para la inteligencia y los sentidos.


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