sábado, 22 septiembre 2018
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No es el máster

16 abr 2018 / 20:54 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 20:55 h.

Un gobierno puede regatear fondos y trapichear subvenciones con descaro, puede meter la pata y hasta la mano, equivocarse en la explicación de su ideología y hasta ser indiferente, o parecerlo, ante millones de ciudadanos que lo pasan fatal. Un gobierno puede robar o permitir que se haga, y volver a revalidarse en la inercia de su gobernanza. Lo hemos visto. Pero siempre hay una simbólica menudencia, una nimiedad hiriente, un talismán oscuramente metafórico que termina de arruinarlo. Pueden ser unos cuernos contra la primera dama, un traje de flamenca a costa del pueblo alegre, o un máster falso. Y eso ya el votante no lo perdona. Porque no es la infidelidad matrimonial, ni el traje de gitana, ni el máster falsificado. Es otra cosa.

Es un coraje retorcido y telúrico contra la media sonrisa del de arriba, la comprobación insoportable de que no nos reíamos por lo mismo, de que anduvimos siempre en ondas diferentes, de que no jugamos con las mismas cartas, de que tales políticos se hacían pueblo, pero no eran pueblo. En el caso del máster –ese anglicismo tan feo con su tilde y todo– no han dolido tanto las firmas falsas como toda la memoria lastimada que hay detrás de la universidad como barrera. También el máster fue un invento de los de arriba cuando descubrieron que cualquiera sacaba su carrera. Había que construir nuevas diferencias. Y llegada la crisis, a base de parné. Nadie era nadie ya sin su máster. Y luego, cuando cualquiera tenía su carrera y su máster, resultó que nadie era nadie sin sus dos másteres. Todo a base del sacrificio de los padres analfabetos, de las deshoras de camareros, de las madrugadas sin dormir para entregar a tiempo los proyectos, de las matrículas carísimas... de las esperanzas mustias de tantos treintañeros ya en edad de estudiar menos y trabajar más.

Pero para entender esto hay que ser pueblo. Por eso se asombran tanto sus correligionarios, comparando el tema con cosas más graves. Hay que recordárselo: no es el máster.


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