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Nos puede el vicio

03 dic 2016 / 18:30 h - Actualizado: 03 dic 2016 / 18:31 h.

Un escándalo y una vergüenza para nuestro deporte y nuestra ciudad. No se me ocurren otros apelativos con los que definir lo acontecido esta semana tras el desmantelamiento de la organización que permitió amañar 17 eventos celebrados en Sevilla, Huelva, Tarragona, Madrid y Oporto. Los cabecillas de tan ingeniosa trama son de Sevilla y A Coruña, aunque según se ha desvelado, operaban principalmente a orillas del Guadalquivir. Dentro de la denominada «Operación Futures», la Guardia Civil ha detenido a 34 personas, entre ellas siete tenistas, por amañar partidos. No sólo por ganar o perder, el dinero está en apuestas muchos más selectas, como acertar en qué juego el tenista en cuestión cometería una falta en el saque. Se estima que consiguieron beneficios en apuestas de más de medio millón de euros en torneos que se disputaron en España –la mayoría en Sevilla–, y Portugal. Un secreto a voces según muchos de los profesionales de cualquier ámbito cercanos al mundo del tenis, pero que nadie se atrevió a denunciar hasta la fecha. La teniente de la benemérita María Jiménez, encargada de llevar el caso explicó que todos los tenistas son varones, que se encuentran en el ranking nacional entre los puestos 30 a 360 y en el internacional del 800 al 1.400, y la casa de apuestas más perjudicada ha sido BET365. La propia teniente fue la encargada de desvelar que han tenido que ver cientos de partidos durante estos dos últimos años para corroborar que en los partidos en los que se detectaban apuestas millonarias, se daban estas prácticas. Uno de los pasos que más le costó dar a la Guardia Civil fue detectar al gancho de la trama: Un jovencito que acaba de sobrepasar la veintena, retirado de la práctica profesional y al que se había avisado desde distintos foros que dejase de hacer lo que hacía. Sin cortarse un pelo y aprovechándose de la confianza que le otorgaba la posibilidad de entrenar con muchos de los implicados, se dedicó a manipular y presionar a un buen puñado de chicos sin mayor aspiración que la de poder sacarse un par de cientos de euros que le permitiesen acudir al próximo torneo.

Todo ello me lleva a una reflexión más profunda, ¿dónde estaban las federaciones? ¿Quién amparaba a estos críos de un niñato que pretendía enriquecerse a costa del resto? La sorpresa de algunos padres y la vergüenza que han tenido que pasar estos chavales al ser detenidos no compensa ni una sola de las mensualidades que el famoso gancho se había embolsado. Un listillo, un espabilado que vio en el arte del engaño la posibilidad de enriquecerse de un deporte que le negó la posibilidad de hacerlo en la pista.

La práctica del tenis no resulta barato. Los viajes y el material son costosos y provocan que la práctica sea deficitaria salvo para aquellos que consiguen ganar los torneos. La desesperación por llegar y por qué no decirlo, la inmadurez en muchos de los casos, han sido ingredientes básicos de una coctelera que estalló por avaricia. No sirvieron las advertencias, los avisos o las señales de quienes veían venir la tormenta y, como dice el refrán, el que avisa no es traidor. Ahora toca pagar lo que han roto y, por supuesto, alejarse para siempre del deporte que tanto amaban.


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