viernes, 18 agosto 2017
19:23
, última actualización

Ocho pringados

18 abr 2017 / 20:40 h - Actualizado: 18 abr 2017 / 22:08 h.

Es difícil añadir una línea más a lo que ya han escrito otros colegas en este y en todos y cada uno de los medios sevillanos. Se vuelve a hablar –diecisiete años después- de histeria colectiva, de efectos dominó, de carreras incontroladas... pero el asunto sigue apestando a pesar del cierre en falso de un lance que ha herido de muerte la noche más hermosa de una ciudad que no se reconoce en sí misma.

No conviene reseñar, a estas alturas, lo que se habló entre bastidores de las famosas carreritas del año 2000. Pero la verdadera génesis de aquel follón cósmico sigue siendo tema de conversación en los cenáculos mejor informados y reverdece ahora mientras se habla de planes de seguridad que meterán la fiesta en un fanal.

No resulta fácil poner algunas cosas negro sobre blanco pero sí cabe seguir haciéndonos preguntas de difícil contestación partiendo de una premisa irrenunciable: las oleadas que sacudieron el centro en la madrugada del último Viernes Santo no tuvieron nada de casuales. La pregunta del millón permanece en el aire, más allá del clima enrarecido y de la escasa educación que se percibe en la masa que atiborra las calles en esa noche que ha dejado de ser mágica: ¿A quién interesa realmente el fin de la gran fiesta de Sevilla? ¿Qué sectores están interesados en destrozar para siempre el equilibrio que se tambaleó en 2000? Pues ése, y no otro, es el asunto a investigar. Por ahí conviene a tirar del hilo, más allá de los ocho pringados que pronto se pavonearán en el bar de su barrio.


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