lunes, 15 julio 2019
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La Tostá

Pablo Iglesias ya no es comunista

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
15 dic 2018 / 07:30 h - Actualizado: 15 dic 2018 / 09:00 h.

Tenga un chalé de un millón de euros, necesite escolta, jardinero y chófer. Tenga además unos gemelos a los que hay que criar y darles una carrera, y que sea comunista el guardia de la Campana. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, ya no está a favor de la dictadura comunista de Venezuela, del chavismo, que tanto defendió cuando le daban calor en aquel país. Digo calor, no otra cosa. Tampoco sería capaz de decirle ahora a Mariló Montero que la azotaría hasta hacerle sangre, porque ya no es tampoco un machista recalcitrante, o no quiere serlo. Y es que a un comunista de baratija, como es él, le das un cortacésped, unas tijeras de podar rosales, un coche oficial y se acabó el marxismo-leninismo. Hasta es capaz de recitar a Muñoz Seca, poeta fusilado en Paracuellos, luego no hay necesidad de recordar sus ideas políticas. Esto no lo digo como reproche, sino como prueba de que Iglesias, que es un político interesante en ciertos aspectos, puede evolucionar hacia una posición más acorde con los tiempos que corren. La derecha lo ha hecho, se diga lo que se diga, aunque esté últimamente crecida y le esté saliendo su parte más franquista o radical. El clima político actual requiere cabezas frías y líderes capaces de pedir perdón y tender la mano al adversario, porque estamos a un compás de salir a bofetadas, por no decir a tiros. Supongo que estaremos de acuerdo en que lo ideal sería que tuviéramos un país en el que tengan cabida todas las ideas políticas, salvo las que no son respetables, y no creo que haya necesidad de enumerarlas. Sería una estupidez negar ahora que apenas le tengo simpatía a Pablo Iglesias y que me parece un desastre como líder comunista, siendo yo de esa cuerda, pero es que el país no está para más tonterías porque están en juego la democracia y la paz social. Esto apesta ya a perros muertos. Hemos sido capaces de convivir durante cuarenta años, quizá un poco a regañadientes, evolucionando hacia un modelo de sociedad mucho más justo que el anterior. Yo vivo mejor que mis padres, que eran esclavos y se lavaban en una caldera de agua caliente en el corral o comían un día sí y otro menos. ¿Queremos acabar con todo lo que hemos logrado en estas décadas? Sigan jugando al Capitán Trueno.


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