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Peligro, animales sueltos

28 abr 2018 / 21:01 h - Actualizado: 28 abr 2018 / 21:01 h.

No sabemos qué pasará con los recursos que tanto los abogados defensores como la Fiscalía de Navarra van a presentar contra la sentencia del caso de La Manada, los cinco cafres de Sevilla que violaron a una chica en los Sanfermines de 2016. No podemos saber si la condena por abuso sexual será reconsiderada en uno u otro sentido (para agravarla hasta la de violación como quiere la acusación o para que sean absueltos como pretende la defensa), pero ya les digo yo que si por mí fuera esos primates (con perdón para los monos) estarían enjaulados el resto de sus vidas por el simple peligro que en general representan los animales sueltos.

Las multitudinarias manifestaciones de protesta por esta condena tibia (9 años de cárcel por un delito de abuso sexual) para esos cinco bestias que metieron a la chica en un portal y la violaron reiterada y grupalmente son consecuencia de la enorme repercusión mediática del caso, pues todos hemos visto una y otra vez en las diferentes cadenas de televisión los vídeos del día de los hechos y otros que por diversión grabaron esos subnormales de sus hazañas y sus indescriptibles juergas.

De igual forma, la masiva reacción ciudadana frente a esta sentencia se explica en la toma de conciencia del profundo machismo que concurre en el Código Penal y en la injusticia de la Justicia a la hora de valorar delitos de componente sexual. Pareciera que la muchacha tendría que haberse resistido hasta la muerte frente a los cinco gorilas en celo para demostrar que la penetraron contra su voluntad, pero como se quedó petrificada hay hasta un miembro del tribunal que considera que en el vídeo probatorio «no se ve que estuviera pasándolo mal». Pues sí, aquello sería muy divertido, no me fastidie, señor juez.

En cualquier caso, las leyes son las que son y los jueces tienen que atenerse a ellas, así que lo que toca ahora es andar los pasos necesarios para cambiar lo que apesta a rancio supremacismo machista para que nunca más una víctima de violencia sexual sea juzgada a la vez que sus agresores. Seriamente, sin un atisbo de frivolidad, habría que reflexionar sobre por qué un hombre borracho, o ligero de ropa, puede sentirse seguro en una habitación con un grupo de mujeres de parranda, mientras que, en la situación contraria, una mujer no sólo compromete su integridad, sino que además se la culpabiliza por ello. ¿Educación, tradición, moral, biología? Hagamos que las leyes respondan y hagan frente a esa desigualdad manifiesta en lugar de horadar más esa profunda herida social.

Ahora bien, en lo que respecta a los sujetos de La Manada (con perdón también para los pobres lobos) sólo cabe decir que la repugnancia que suscitan es inversamente proporcional a las neuronas que parecen tener en funcionamiento, y que, con independencia del hecho delictivo, la chica no pudo escoger peor su compañía para esa noche de fiesta. No acierto a comprender cómo un ser humano puede ir por la vida presumiendo de lo que se vanaglorian estos tarados: de su zafiedad, su vulgaridad, su verraquería y su baba putrefacta. ¿A la cárcel? Y a la escuela, deberían ir. En la calle desde luego son un peligro. Por delincuentes y por animales, sobre todo por animales.

A ver si la Guardia Civil y el Ejército reaccionan con prontitud y expulsan a los dos acusados que forman parte de sus filas, porque no se entiende que les mantengan hasta el sueldo, cuando de todos es sabido que no hay nada más peligroso que... darle una pistola a un mono


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