lunes, 17 diciembre 2018
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Pescador de hombres

13 mar 2018 / 21:08 h - Actualizado: 13 mar 2018 / 21:47 h.

La espera de la Semana Santa se ha ensombrecido con la peor noticia posible. El niño de los campos de Gata se había convertido, de alguna manera, en el hijo de todos. España entera ha vivido, minuto a minuto, pendiente de un desenlace que se empezaba a antojar inevitable a la vez que pasaban los días. Los indicios eran evidentes: la aparición de la camiseta había puesto el punto de mira sobre quién no merece ni ser nombrada.

No hacía falta ser criminólogo para darse cuenta de que esa breve prenda había marcado a compás el vértice del crimen. El mal existe y algunas veces se sienta en nuestra mesa; comparte nuestras sábanas y hasta llora lágrimas de mentira que ahora provocan asco. Gabriel descansa ahora en la paz que no le dieron despertando un raro y unánime sentimiento de culpa colectiva en el que no han faltado voces indeseables.

Algunos se empeñan en mezclar el culo con las témporas –vomitando su bilis despreciable– hasta en estos lances de dolor insoportable. Es mejor no hablar de ello ahora. La certeza de la Semana Santa también nos lleva de la mano nuestros hijos en pos de las imágenes y los pasos que se levantan, como un milagro cíclico, en la intimidad de los templos.

En uno de esos paseos, el tacto tibio de una manita menuda servía al periodista para pensar en Gabriel y su madre mientras leía la inscripción latina del friso del paso de la Soledad. «¿A quién te compararé y te asemejaré, hija de Jerusalén? Inmenso como el mar es tu quebranto...» El pescadito ya está cerca del único Pescador de hombres.


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