lunes, 24 septiembre 2018
07:36
, última actualización

Política, políticos y bien común

El Bien Común tendría que ser el marco de referencia. Los proyectos son inactivos si no cuentan con un referente que les dé la energía necesaria para que la sociedad pueda sentirse orgullosa

10 jul 2018 / 19:54 h - Actualizado: 10 jul 2018 / 20:43 h.
  •  Política, políticos y bien común

Ser político, hacer política y trabajar por el bien común debería conjugarse con un espíritu de servicio en donde el nosotros fuera realmente el alma de un proyecto conjunto. Lograr establecer un sistema que busca de manera objetiva y razonable servir a los demás debería ser el objetivo de todo aquel que desea realizar el noble ejercicio de ser político.

El bien común tendría que ser el marco de referencia. Los proyectos son inactivos si no cuentan con un referente que les de la energía necesaria para que la sociedad pueda sentirse orgullosa y partícipe de lo que se pretenda construir.

La interacción entre el político, la política y el bien común puede darse perfectamente a través de la empresa. Los impuestos que pagan no pueden ser la herramienta para diseñar políticas marcadas por intereses partidistas. Este uso aleja a los políticos de la responsabilidad que tienen de ejercer un proyecto de servicio a la población. Muchas veces los políticos se quieren servir de las mismas a través de un afán recaudador alejando a los emprendedores de desarrollar experiencias empresariales que generen una verdadera riqueza social.

El político es un servidor que busca, sobre todo, el interés general y nunca su particular visión de hacer política. Mirar al bien común puede ser el punto corrector de una política mal orientada. Es, precisamente, a partir de este hecho que se puede generar la sinergia adecuada para que la empresa sea una pieza clave en la construcción de una sociedad acorde con los tiempos que nos están tocando vivir.

La iglesia católica hace una gran aportación al respecto cuando subraya que toda empresa es una importante red de relaciones y, a su manera, representa un verdadero cuerpo social intermedio, con su propia cultura y praxis. Estas, mientras determinan la organización interna de la empresa, afectan también al tejido social en el que ella opera. Precisamente, a este nivel la misma recuerda la importancia de una responsabilidad social de la empresa que se explicita ad extra y ad intra de la misma.

Hacer política precisa de políticos que deseen servir más allá de su propia ideología. Cuando un político asume la responsabilidad de gobierno debe de escuchar y atender al conjunto de la sociedad teniendo en cuenta que tiene un marco jurídico al que no puede renunciar. En las sociedades democráticas tenemos constituciones que recogen los principios y derechos de los ciudadanos. Por esta razón trabajar en interacción con la empresa nos llevará a establecer las bases adecuadas para que la economía sea un vector que acompañe el desarrollo adecuado del estado social de Derecho.

Economía y bien común están entrelazadas en aras de establecer un desarrollo social en donde prime la persona. El político deberá saber encauzar, a través de la puesta en marcha de iniciativas legislativas, los apoyos necesarios para que esto sea posible.

Estamos llamados a reconocer que hacer política no es imponer principios partidistas, esto no es mirar por alcanzar el bien común. Hacer política es comprometerse en la puesta en marcha de iniciativas que afiancen la creatividad, el compromiso, el empeño, el trabajo, el respeto, la convivencia, la acogida, la escucha, el crecimiento equilibrado y justo de la economía, los derechos subjetivos, el valor de las Instituciones y, sobre todo, el reconocimiento de unos valores amparados en la Constitución que configura un Estado democrático.

Alcanzar el bien común debería motivar a los políticos dado que es la herramienta más eficaz para lograr que un estado social de derecho pueda afianzarse, y sea el espacio adecuado para que las personas podamos crecer con libertad. La libertad nace de uno mismo y se afianza en la convivencia pacífica entre las personas. La economía es esencial para que se establezca el canal adecuado para la paz. Sin duda el mayor problema, con el que se encuentran muchas personas que quieren salir de los países que los han visto nacer, radica en la falta de una economía capaz de generar riqueza social. La Iglesia, con acierto, nos dice que el valor añadido de la economía está interrelacionado con el propósito primordial del sistema económico financiero, que debe demostrar en última instancia su viabilidad dentro de un sistema ético sólido, precisamente porque se basa en la búsqueda sincera del bien común. Solo del reconocimiento y potenciación del vínculo intrínseco que existe entre razón económica y razón ética puede emanar un bien que sea para todos los hombres.

El político no es un salvador, es un gestor al servicio de los hombres. La política no es la única herramienta para generar riqueza social; sin embargo, la búsqueda del bien común puede lograr que la política se alíe positivamente con los agentes sociales, entre los que se hallan las empresas, que buscan desarrollar proyectos innovadores y emprendedores, y el político entienda que está ejerciendo un servicio anclado en los principios y valores registrados en una Constitución que promulga el Estado Social de Derecho.

En mi próxima reflexión escribiré el porqué la economía basada en el bien común puede ser una solución a la inmigración injusta e inhumana que sufren tantísimas personas.


  • 1