miércoles, 21 noviembre 2018
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Pongo un circo y crecen los enanos

14 ago 2018 / 17:51 h - Actualizado: 14 ago 2018 / 17:53 h.

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Tenía la esperanza de que con los años, el pelo plateado y alguna arruguita graciosa en la cara, empezaran a piropearme las mujeres de mi edad y así poder mejorar mi autoestima, que ha estado siempre por los suelos. No voy a decir que tenga el oído virgen, pero casi. Solo una vez me piropeó una mujer en la calle y me dio hasta mareo. Cuando ya me repuse, recuerdo que andaba hasta mejor, con más confianza, como Richard Gere. Y comencé a aguantar la mirada de las mujeres, algo que había sido siempre un problema. Cuando me miraba una mujer no me sentía halagado, sino violentado, y solía decir: “Ya se ha dado cuenta esta también de lo raro que soy”. Me sentía como un insecto. Y ahora que creo que estoy por fin de buen ver, con mi barriguita cervecera y mis canas, se empieza a ver mal que las mujeres piropeen a los hombres, digamos que porque tienen que dar ejemplo y ser coherentes. Lo acepto, pero juro por Dios que no me voy a molestar si un día una mujer me mira de frente y me come con los ojos o adivino que desea darme un revolcón.


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