martes, 20 noviembre 2018
22:41
, última actualización

Postureo de barra

Esa crítica fácil, barata, rastrera, esa duda permanente que se nos viene a menudo a la mano que mece la espuma de la cerveza, es más sevillana que la Giralda

02 jun 2018 / 22:32 h - Actualizado: 02 jun 2018 / 22:32 h.
  • Postureo de barra

Somos muy dados a lanzar dardos a diestro y siniestro sin mirarnos al espejo primero. Esa crítica fácil, barata, rastrera que se nos viene a menudo a la mano que mece la espuma de la cerveza, es más sevillana que la Giralda. Somos así. Y en la procesión del Corpus nos empeñamos en poner en duda permanente el espíritu con el que salen con su cirio y sus varas muchos cofrades que, vistos desde fuera por muchos de los que no salen, son simplemente unos ególatras de la Hermandad del Sagrado Postureo.

Pongamos que es cierto, venga. Vamos a suponer que en esas filas interminables de cirios aparecen ordenadamente cientos de vecinos que no tienen más intención que ser vistos, fotografiados; admitamos el supuesto y pensemos que sólo buscan unos minutos de protagonismo. Muy bien, vale. Pero ¿nos hemos detenido a pensar en esos cofrades que van con sus cirios, con sus varas, debajo o por fuera de los pasos, con instrumentos o con insignias, que llevan a Jesús Sacramentado en el corazón mientras pasan por delante de nuestros veladores en los que afilamos los colmillos?

¿No reconocemos a ningún cofrade de los que salen porque están convencidos de que se debe acompañar a Dios por la calle? ¿Es que no vemos a nadie que se deja el alma en su hermandad y que camina por la calle rezando? ¿Acaso no tenemos diez segundos para hablar también de esos hermanos que han madrugado con el orgullo de estar cerca del cuerpo de Cristo y que lo hacen además con emoción y sentimiento religioso? Oiga, ¿a nadie? ¿No tenemos de verdad ni una sola frase de respeto y admiración para los nuestros? ¿No has visto a una sola persona que hoy lleva traje pero que cada tarde se remanga la camisa para ayudar a los demás en la cofradía de su barrio? Oye, ¿a nadie? ¿No puedes parar de beber un momento y de frenar ese despelleje baboso para reconocer que en el extenso cortejo que tienes delante hay mucho corazón que late por Sevilla, por la fe, por las cofradías? ¿Ni un solo pensamiento positivo? ¿Ni un pequeño reconocimiento? ¿Ninguno?

Pues yo voy a soltar la cerveza un momento y me voy a poner de pie. Porque de pie desfilaban muchas personas que tienen como única inquietud adorar a Jesús Sacramentado y dar público testimonio de fe y amor a Dios y a la Inmaculada Concepción de María.

El postureo real, el de verdad, es precisamente el que ejercen esas personas sabihondas que apoyan el codo en la barra para pontificar de manera gratuita, cruel y cutre, abanderando una supuesta sevillanía que se diluye en el aire etílico de una mañana que aún huele a juncia, a romero y a fe de muchas personas que llevaban vara, cirio o insignia. Y a Dios en sus corazones.


  • 1