sábado, 23 febrero 2019
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¿Quién es mejor español?

10 feb 2019 / 12:14 h - Actualizado: 10 feb 2019 / 12:55 h.
  • Manifestación en Plaza de Colón de Madrid. / Chema Moya - EFE
    Manifestación en Plaza de Colón de Madrid. / Chema Moya - EFE

Vivo en Madrid y no he ido a la manifestación convocada por PP, C’s y Vox, en la plaza de Colón. Puedo llegar andando desde casa y es un paseo precioso, pero he preferido no asistir. Y he preferido no hacerlo por varias razones. Ni me hubiera sentido mejor español ni más patriota. Eso sí es lo que me pasa cuando llego al colegio electoral en el que he votado desde que cumplí los dieciocho años. Cuando puedo depositar mi papeleta en la urna y pienso en todos aquellos que lucharon para que pudiéramos hacer un gesto que concentra buena parte de la libertad de la que disfrutamos, algo por lo que murieron miles de personas.

No entiendo cómo es posible que tres jovencitos a los que les falta cruzar un verdadero desierto para convertirse en buenos estadistas (si es que lo consiguen alguna vez), me llamen para echar, desde la calle, a Pedro Sánchez del Palacio de La Moncloa (otro joven con excesivas prisas que se está ganando a pulso pasar a la historia sin pena ni gloria). Si los españoles quieren echar a Pedro Sánchez ya lo harán al votar. Ahora, lo suyo es que se presente una moción de censura en el Congreso de los Diputados y que allí, en el templo de las libertades y de la palabra, se discuta lo que sea necesario. Para eso se les paga a todos estos que tanto llaman a incendiar las calles y que tan poco son capaces de hacer en el territorio de la política. Por cierto, todo esto me parece igual de estúpido que aquellas manifestaciones que trataban de rodear el Congreso (el protagonista era otro jovencito que no ha sido capaz de gestionar cinco millones de votos aunque se ha podido comprar una casa carísima).

No me parece que en la concentración de Colón hayan estado los mejores españoles, ni los más patriotas. Me parecen igual de buenos, me parece que son igual de importantes para el futuro de este país, los que salen a las calles para defender los derechos y la igualdad de las mujeres, los que salen a protestar por los recortes brutales que afectan a la educación o a la sanidad, los que piden que las pensiones sean justas y suficientes para poder vivir, los que quieren un futuro digno para todos nosotros. Incluso me parecen igual de buenos los que se manifiestan pidiendo que el aborto no sea una opción. Me parece anacrónico, me genera un rechazo absoluto, pero esas personas lo que hacen es alzar la voz en libertad. Y, al fin y al cabo, eso es lo que nos hace mejores. Solo eso: nuestra libertad, nuestra posibilidad de pensar y trazar nuestro camino eligiendo entre las opciones que nos ofrece un país extraordinario como es España.

No me gusta Sánchez. No me gusta el independentismo. No me gustan los partidos de extrema derecha ni los de extrema izquierda. Esto ya lo he dicho por activa y por pasiva. Me gusta España, me encanta poder agarrar la bandera de este país y gritar con cierto orgullo que soy español (cierto orgullo porque no somos perfectos, coño; tampoco pasa nada por reconocer nuestros errores). No me gustan las manifestaciones que dividen a las personas entre buenas y malas.

Siendo hijo y hermano de militares, tengo interiorizado lo que es el patriotismo, lo que representa y significa una bandera, siento que España debe ser un país unido, próspero y moderno. A mí nadie me va a enseñar el camino que debe transitar alguien para ser buen español. La idea me viene de fábrica. A mí nadie me va a vender la idea patriotera y nacionalista como fundamental porque por encima de esas está la de libertad. Y lo que quiero es votar. Y si Sánchez se atrinchera en La Moncloa iré acumulando razones para no votar la opción socialista. Cada minuto que pasa, Sánchez está logrando que el desastre para él y su partido sean mayores. Lo que quiero es votar y que me permitan tener mis propias ideas, mi propia forma de entender la realidad.

No he ido a la concentración y me siento un poco más patriota. De verdad.


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