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Viéndolas venir

Quién es quién

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
20 feb 2019 / 08:11 h - Actualizado: 20 feb 2019 / 08:12 h.
  • Quién es quién

Muchos lectores se acordarán del jueguecito, y del sonido tan televisivo de las caras al caer que luego decaía en la realidad. Por eso ahora, con la perspectiva del tiempo que a todo le da una mano de metáfora, me recuerda a nuestra ardua tarea como electores de aquí al 28-A, que suena tanto a Andalucía, donde, por cierto, ciertas encuestas dicen ahora que el personal hubiera votado de otra manera de haber sabido el resultado. Claro, a toro pasado es fácil arrepentirse de haber tomado una decisión atolondrada, de haber votado contra y no a favor de, de votar para contrarrestar más que para remar, de no votar porque total, saldrán los de siempre, de preferir el sofá al colegio electoral que toque. Por supuesto que el juego de despistes no es solo del elector, sino de los candidatos a ser elegidos. Por eso. Quién es quién.

A quienes tienen una responsabilidad tan seria como elegir quién gobernará este país los próximos años no se les puede desorientar. Si uno es de derechas de toda la vida, por ejemplo, más vale contarlo con pelos y señales, aliviará más, y no marear la perdiz u otras mascotas domésticas en el Tussam o en la parada. Si uno, en cambio, es de izquierdas, conviene explicar en campaña cuáles son las verdaderas preocupaciones de su partido, las que podrían inclinar la balanza, y no marear tampoco la perdiz de ese feminismo de cartón piedra que se utiliza ya para fotografiarse delante mientras se sonríe gritando unidas podemos o podemas o podíamos más pero no quisimos. No se trata de armar el número ni de seguir teatralizando divisiones que a la gente no interesa ni de sacar un libro, ni siquiera de resistir, sino de contar cuál es el plan para mejorar la vida de todos, los de arriba y los de abajo, no resistiendo, resignándose, conformándose, adaptándose, sino ilusionando con medidas realizables, saliendo a la calle para contarlo, sin públicos comprados ni conspiraciones raras, sino con los pies en el suelo y frente a los ojos de quienes se esperanzan en un período de prosperidad. Quién es quién.

La derecha es consciente de que su división está minando la voluntad de su votante, que ahora duda qué marca votar, porque tiene tres. Por eso lava en casa la ropa sucia y saca su mejor sonrisa en busca de la mayoría absoluta. La izquierda es inconsciente no solo de estar dividida, sino de lo que saben sus líderes y de lo que le preocupa a la gente de la calle, que no es que Pedro Sánchez descubra ahora el diálogo de besugo con los independentistas. Mucha gente está esperando no tanto que se hable por fin de los temas que le preocupa como que se deje de hablar de una puñetera vez de los que no le interesan a nadie.


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