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Sevilla Al Minuto

Receta para la intolerancia

En el 2018 aún se escuchan con relativa frecuencia frases tan disparatadas como que «existen remedios caseros para curar la homosexualidad» y se convive con comentarios ofensivos por un sector de la población que incluso se ‘enorgullece’ de ser tolerante

06 feb 2018 / 10:21 h - Actualizado: 06 feb 2018 / 10:21 h.
  • Receta para la intolerancia

Hay aún un sector preocupantemente grande de la población que considera «gracioso» que un hombre ame a otro hombre, o que una mujer quiera a otra mujer. Como si de un circo acrobático se tratara. Todo muy divertido. El hecho de que haga gracia o no, aunque el mero comentario esté absolutamente fuera de lugar, choca directamente con la realidad más obvia, incluso en esta época: es difícil hallar ningún matiz jocoso en que una mujer quiera a su pareja si este es hombre.

Lo que sí es bastante preocupante es que haya tantísimas personas que piensen que la homosexualidad es una enfermedad o una patología. Sí. Hay personas que creen que aún existe una pastilla. Un tratamiento médico. Una intervención quirúrgica. Un remedio casero para curar la homosexualidad.

Están muy camuflados, porque pocos se atreven a reconocer abiertamente —exceptuando los ya mencionados momentos de risa y los comentarios graciosos en los bares— que una pareja de hombres o una pareja de mujeres tienen un toque, como se suele decir.

No. La verdad es que en todo esto no hay ningún cruce de cables, ni ningún error en el funcionamiento de la vida. Lo que no está bien, y no hay pastilla en el mundo que lo cure salvo una sobredosis educacional, es cómo inculcar la tolerancia en aquellas personas que opinan que son lo más normal del mundo por haber nacido heterosexuales. Y por creer que deben tener más derechos que nadie por ser normales.

La educación es la única recomendación efectiva para quien cree estar en posesión de decidir lo que es normal y lo que no. No es concebible que la diversión de muchos, aún, sea comentar a quiénes deben amar las personas. Como tampoco lo es el que otros se crean en derecho de oponerse a que un matrimonio homosexual quiera adoptar y criar un niño, que no es más que una persona que solo está creciendo y cuyo motor para el desarrollo físico y personal va a ser el amor y la libertad.

Decidir si alguien es normal o no, decidir la vida que otros deben llevar y a quiénes se debe amar es potestad del individuo. Tener opiniones en contra de la libertad de cada uno va más allá de un posicionamiento ideológico o social. Los derechos humanos no admiten dudas.


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