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Semana Santa heterodoxa (2)

Refriega Siete Palabras-Panaderos

15 abr 2019 / 07:18 h - Actualizado: 15 abr 2019 / 08:00 h.
  • Refriega Siete Palabras-Panaderos

Lo recordarán los mayores de 50 y de 60 castañas y de ahí para arriba. Lo recordarán mis amigos de entonces y ya de siempre, algunos de los cuales no están en este mundo, suele decirse que lo recordarán desde el Cielo pero a mí no me es posible sostener eso, ya no lo creo y esto de la fe o se tiene o se pierde y ya no se tiene. Estarán donde estábamos antes de nacer, en el Universo.

Sí están –y que vivan muchos años- mis amigos abogados, con los que me eduqué en los Maristas: Adelardo Vahí, José Joaquín Gallardo –tantos años decano de los abogados-, Miguel Ángel Gómez Martínez, Juan José Barrios... Sí está Manolo Henares, hermano de pregonero; sí está Fernando Díaz del Olmo, catedrático de Geografía de la Universidad de Sevilla; no está el abogado Alberto Morón del Valle, mi entrañable Alberto, con el que gozaba de las suites de Bach en su casa de la calle Teodosio, nuestro entrañable Alberto, que se lo llevó un infarto siendo aún bastante joven, pero está su señora, Mari Ángeles, que es casi lo mismo. No está Joaquín Guzmán Cuevas, el que fuera Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla. Todos fuimos alumnos maristas y lo mismo que pasábamos juntos la Semana Santa nos íbamos después a la Feria en el Prado de San Sebastián, de caseta en caseta, cantando sevillanas con Guzmán a la guitarra. ¡Cómo pude hacer tantas locuras! Ahora no soporto el ruido de la Feria.

Lo recordará mi prima Aurelia y sus amigos del barrio de San Vicente –Juan, Andrés, Asunción, Milagros, Paco y Pepe desde su Cielo, entre otros-, unos años mayores que yo, con todos ellos y con mis colegas de los Maristas me pateaba la ciudad para ver la Semana Santa como Dios manda. Increíbles aquellos momentos donde no te buscan a ti los pasos en el recorrido oficial sino que eres tú quien los busca a ellos por sus lugares más espléndidos. Increíble, de piel y cabellos erizados. Eso sin olvidar a mis queridos hermanos García, José María, Pedro y Juan Luis, médico, químico y sacerdote, respectivamente, en estos tiempos. Ellos salían en las Penas –y salen- mientras que mis también íntimos amigos en un grupo musical que formamos en los 60, los hermanos Manolo y Julio Domínguez y Miguel Ortiz, vivían en San Vicente pero procesionaban con la Soledad de San Lorenzo. A los de las Siete Palabras nos llamaban “rábanos” por el color del escapulario y a los de la Soledad “borregos” porque eran muchísimos e iban apelotonados. Ay, cómo nos ha separado a todos el tiempo...

Fue en 1968, yo no me acordaba del año pero me lo ha dicho el Abc (http://cofrades.sevilla.abc.es/profiles/blogs/retrospectiva-historica-de). “Es en este año el último incidente del que tenemos noticias entre dos hermandades, no hubo bronca ni nada parecido, pero sí que provocó asombro y revuelo. Este incidente tuvo lugar el Miércoles Santo entre las hermandades de Los Panaderos y Las Siete Palabras, ya que la primera debía hacer el recorrido Francos-Álvarez Quintero-Salvador-Manuel Cortina-Granada-Tetuán, mientras la segunda por Hernando Colón esperaba en plaza Nueva. Debido a la lentitud del cortejo panadero, el fiscal del paso de las Siete Palabras ordenó a sus costaleros seguir por Méndez Núñez hacia la Magdalena y por O´Donnell a la Campana, lo cual efectuó a gran velocidad, llegando antes que el Prendimiento, y ocasionando un gran revuelo”.

A mí me tocó ir de nazareno en mis Siete Palabras, aquello fue al mismo tiempo lamentable y cómico, recuerdo los pasos de los Panaderos y de las Siete Palabras “compitiendo” en La Campana por pasar primero. Recuerdo vagamente tensiones pero la cosa no llegó a más, por fortuna. Al día siguiente, entre el enfado y la risa, la gente comentaba el hecho y al año siguiente una de las expectaciones era ver si sucedería lo mismo. Fue en Miércoles Santo pero ya nos hallábamos en la madrugada del Jueves Santo cuando cada hermandad regresaba su templo. Como diría el novelista Gabriel Miró, todo permanece ahora en el humo dormido del tiempo y el recuerdo.


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