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Viéndolas venir

Romero, para ir a Roma...

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
09 jun 2019 / 14:05 h - Actualizado: 09 jun 2019 / 14:07 h.
  • Romero, para ir a Roma...

Romero, para ir a Roma, / lo que importa es caminar; / a Roma por todas partes, / por todas partes se va”, dejó escrito el siempre tan filósofo como poeta Antonio Machado. Y los versos me vuelven a resonar a punto de este Pentecostés en el que uno siempre reflexiona sobre el hecho de que la Iglesia no haya agradecido jamás con suficiencia el doble poder salvífico de la religiosidad popular hacia dentro y hacia fuera.

Ahora que ya están en la Aldea con mayúsculas los romeros del Rocío, es justo insistir en la necesidad del perspectivismo, y por supuesto no solo en la religión, sino en todas las facetas de la vida, incluida la política. Quien quiere llegar a Dios, dispone de muchos caminos, como quien quiere llegar a cualquier sitio, incluidas ciertas conclusiones... Todo depende del tipo de zapatos de uno calce, del tipo de vida, del tipo de compañías, del tipo de circunstancias, tan inseparables del yo orteguiano.

Habrá ahora mismo en El Rocío quien se encuentre a sí mismo mirando la cara de la Virgen, pero también quien se pierda en su propio sueño oteando la inmensidad de la marisma, o quien se rebusque solitario y en lo más jondo cantando unas sevillanas lentas rodeado de una multitud, o quien se encuentre repentino debajo de un remolque..., y también quien vaya y vuelva sin encontrar absolutamente nada. Lo cierto es que la verdad no es patrimonio de nadie. Volvamos a Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”.

Hoy, mientras la Iglesia habla a través de un papa conciliador desde Roma, mientras otros romeros buscan a Dios en una Blanca Paloma, mientras terminan los pactos de última hora, mientras la sociedad aprende que se terminaron los tiempos de la verdad absoluta, de los decretos, de las mayorías, de los dictámenes y del asombro unánime, conviene volver a recordar que el único requisito para avanzar es no dejar de caminar. “Caminante, no hay camino...”. Pues eso.


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