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Santonja

19 oct 2016 / 22:46 h.

En la España de los años 70 y 80, donde la bota de la dictadura militar se empieza a levantar del cuello de los españoles, algunos periodistas o críticos empezaban a enseñar a los ciudadanos que comer no era solo sentarse en una mesa y deglutir, era un acto de compresión y encuentro con los sentidos. Joaquín Merino, de la mejor estirpe de los bont vivant, competía con un Xavier Domingo, que dejó de escribir de los postres cuando se le diagnosticó una diabetes, o Álvaro Cunqueiro, Néstor Luján y Vázquez Montalbán, que enseñó que los rojos también saber comer, al igual que Andrés Sorel demostró que se podía tener el corazón blanco y no dejar de ser de izquierdas.

Nines Arenilles, con su permanente labor pedagógica para difundir la salud del aceite de oliva. Simone Klein Ansaldy, conocida como Simone Ortega, y sus exitosas 1080 Recetas. Y Elena Santoja, a la que siempre la recordaremos por Con las manos en la masa, el programa que entre 1984 y 1991 en TVE, nos hacía agradable cocinar con la fórmula de Ramón Gómez Redondo, de entrevistar a algún famoso mientras preparaba algún plato.

Recordaba cómo quería llevar al programa al personaje más agrio (hacia fuera) de la cultura española: Fernando Fernán-Gómez, y contaba «No sabía hacer nada pero no me importaba. Hicimos un plato de lentejas sin nada, como el que comían en Las bicicletas son para el verano».

Santoja fue pintora, escritora, actriz y una presencia permanente en la vida de su marido, Jaime de Armiñán, y de sus tres hijos: Álvaro, Eduardo y Carmen. Aquí nos deja el vacío de su marcha y la vista de su recuerdo.


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